4 nov. 2012

He regresado al desierto...


He regresado al desierto de Negev y la impresión que me ha causado ha sido mas fuerte que la primera vez que lo vi hace unos meses.
La sensación de caminar en esa garganta entre las dos paredes cortadas como si lo hubieran hecho a cuchillo me hacia sentir lo que en realidad soy y somos en comparación con la montaña ...unos entes pequeños y diminutos. Sin haberlo decidido de antemano el grupo que eramos fuimos separándonos poco a poco y tomando distancia unos de otros. Necesitábamos estar solos. Yo quería rodearme de esa soledad, caminar a mi propio paso, tener tiempo de levantar la mirada por aquellas paredes en las que la erosión y los millones de años habían ido modelando en hendiduras profundas muy visibles, en escalones grandiosos de piedra que parecían invitar, lanzar el reto de que intentáramos alcanzar la cima escalandolos, utilizándolos y a dejar el camino seguro y tranquilo del fondo del barranco para unirnos físicamente contra sus paredes haciéndonos una con ella. La sensación de pequeñez era total.

Unos pocos arbustos crecían en los bordes del camino aprovechando diminutas bolsas de agua que también servían de bebederos para las cabras montesas que habitan en esa región. Las saltee utilizando las piedras que sobresalían aquí y allá y se mezclaban con el agua y seguí caminando hasta encontrar la cascada fina y no mayor de unos 20 metros que como una verdadera cola de caballo descendía desde lo alto del despeñadero. En ese lugar, aparentemente final de camino descansamos, nos llenamos de su belleza y bajo un sol verdaderamente tórrido iniciamos el regreso hasta la entrada del parque.
Algunas personas del grupo estaban totalmente sorprendidas por el paisaje y la propia idea que tenían del desierto: un lugar de dunas y arenas...Pero el desierto del Negev es distinto a esa visión. Con sus innumerables montañas de piedra, rocas, y total ausencia de bosque o arbustos ofrece un espectáculo único y grandioso que abarca desde alguna de sus cimas y hasta donde la vista puede abarcar, kilómetros y kilómetros de montañas en donde nada parece vivir o moverse. Pensé en un cuadro de un desnudo en que la belleza del cuerpo se ofrece totalmente al que la admira. La montaña hace lo mismo en el Negev, se muestra en su pureza total. Me quede extasiada ante aquella inmensidad y entonces supe lo que era el Silencio. Lo podía sentir, lo podía escuchar...me hablaba, se revelaba a mi, me decía lo que era...Solo tenia que permanecer mas quieta, mas pequeña, mas callada...Y entonces si, el silencio me rodeo , me poseyó e inundo todo mi ser. Eso es el Negev.