4 mar. 2009

Los libros

Tono Cuesta. Bosque imaginario.


En África he podido vivir sin música y sin pintura pero no he podido vivir sin los libros.

Me habían dicho en mi primer viaje a África que añadiera al escaso equipaje que me dejaban llevar un libro que yo amara , que fuera un amigo para las horas de soledad en lugares en donde no habría mas que el para buscar un rato de placer. Esta invitación confirmaba la frase “de que leemos para no estar solos” cuando para mi la lectura siempre ha sido la posibilidad de escapar del barullo del día, de las innumerables demandas del trabajo y de los otros para junto a los libros sumergirme en el silencio que se necesita para entablar conversación con ellos.


Porque los libros nos hablan incesantemente, nos cuestionan, nos informan, nos hacen reflexionar, nos enseñan en un dialogo de tu a tu en el que no son necesarios los argumentos, los cambios de sentido de las preguntas y conceptos formulados y que en las conversaciones con los otros y aun utilizando todo el buen arte de la conversación que podamos poseer pueden hacer que hieran hasta entre los mejores amigos. Se puede o no estar de acuerdo con ello pensar que es una sandez lo que leemos, pero al dejar el libro otra vez sobre la mesa o el estante se le abandona con paz.

Los libros me han dado siempre la posibilidad de viajar a otros mundos y a otras culturas sin necesidad de desplazarme y me han permitido gozar el campo ruso con Tolstoy o vivir en la época de Maria Antonieta que me describe maravillosamente Stephan Zweig; viajar por la India o conocer a los campesinos chinos. Ellos me hacen contemporánea de todos los hombres y mujeres del mundo y a través de todos los siglos. Lo mismo puedo vivir en Egipto con Cleopatra hace un montón de siglos que hoy en las calles de Nueva York con Susan Sontang. Los libros no tienen edad. En realidad contienen todo el saber humano del pensamiento y la ciencia, todos los sueños soñados, todos los poemas nacidos en el corazón, todos los cuentos que nos catapultaron a mundos de fantasía en nuestra niñez, todo el sufrimiento humano, todas las libertades ansiadas, todos los anhelos de nuestro ser.

No creo que leamos porque estamos solos sino que leemos para estar aun más habitados en nuestro interior. Los libros nos lo hacen posible y nos acompañan siempre.

1 comentario:

Eterna aprendiz dijo...

leer nos transforma.
Me ha encantado esta entrada y todo lo que comentas, muy buena.
Besos, gracias.