18 sept. 2017

Un Dios cantor por Joé Eizaguirre



Hay cosas bonitas en medio de tanta turbulencia y tanto caso Catalan en la TV que nos puede quitar la Paz y hasta nuestro mucho o poco humor.
Mejor ver cosas de estas.  Entrar en su blog , este enlace y disfrutad. !

http://entreparentesis.org/un-dios-cantor/
gtracias  Eizaguirre

Imagen de su blog

5 sept. 2017

El miedo: enemigo de la alegría de vivir


2017-09-05


Hoy en el mundo, y en Brasil, las personas están angustiadas por el miedo a asaltos, a veces con muertes, balas perdidas y atentados terroristas. Los realizados recientemente en Barcelona y Londres, provocaron un miedo generalizado, por más que haya habido demostraciones de solidaridad y manifestaciones pidiendo paz.

Yendo más al fondo de la cuestión, hay que reconocer que esta situación generalizada de miedo es la consecuencia última de un tipo de sociedad que ha puesto la acumulación de bienes materiales por encima de las personas y ha establecido como valor principal la competición y no la cooperación. Además ha elegido el uso de la violencia como forma de resolver los problemas personales y sociales.

La competición debe distinguirse de la emulación. La emulación es buena, pues trae a la superficie lo que tenemos de mejor dentro de nosotros y lo mostramos con sencillez. La competición es problemática, pues significa la victoria del más fuerte de los contendientes, derrotando a todos los demás, lo cual genera tensiones, conflictos y guerras.
En una sociedad donde esta lógica se hace hegemónica, no hay paz, sólo armisticio. Siempre existe el miedo a perder, perder mercados, ventajas competitivas, ganancias, el puesto de trabajo y la propia vida.

La voluntad de acumulación también produce ansiedad y miedo. Su lógica dominante es ésta: quien no tiene, quiere tener; quien tiene, quiere tener más; y quien tiene más dice: nunca es suficiente. La voluntad de acumulación alimenta la estructura del deseo que, como sabemos, es insaciable. Por eso, necesita garantizar el nivel de acumulación y de consumo. De ahí resulta la ansiedad y el miedo a no tener, a perder capacidad de consumir, a descender en status social y, por fin, a empobrecerse.
El uso de la violencia como forma de solucionar los problemas entre países, como se mostró en la guerra de Estados Unidos contra Irak, se basa en la ilusión de que derrotando al otro o humillándolo conseguiremos fundar una convivencia pacífica. Un mal de raíz, como la violencia, no puede ser fuente de un bien duradero. Un fin pacífico demanda igualmente medios pacíficos. El ser humano puede perder, pero jamás tolera ser herido en su dignidad. Se abren heridas que difícilmente se cierran y sobra rencor y espíritu de venganza, humus alimentador del terrorismo, que victima tantas vidas inocentes como lo hemos visto en muchos países.

Nuestra sociedad de cuño occidental, blanca, machista y autoritaria ha elegido el camino de la violencia represiva y agresiva. Por eso anda siempre metida en guerras, cada vez más devastadoras, como en la actual de Siria, con guerrillas cada vez más sofisticadas, y con atentados cada vez más frecuentes. Detrás de tales hechos existe un océano de odio, amargura y deseo de venganza. El miedo flota como un manto de tiniebla sobre las colectividades y sobre las personas individuales.
Lo que invalida el miedo y sus secuelas es el cuidado de unos a otros. El cuidado constituye un valor fundamental para entender la vida y las relaciones entre todos los seres. Sin cuidado la vida no nace ni se reproduce. El cuidado es el orientador previo de los comportamientos para que sus efectos sean buenos y fortalezcan la convivencia.

Cuidar a una persona es involucrarse con ella, interesarse por su bienestar, sentirse corresponsable de su destino. Por eso, todo lo que amamos también lo cuidamos y todo lo que cuidamos también lo amamos.

Una sociedad que se rige por el cuidado, cuidado de la Casa Común, la Tierra, cuidado de los ecosistemas que garantizan las condiciones de la biosfera y de nuestra vida, cuidado de la seguridad alimentaria de cada persona, cuidado de las relaciones sociales para que sean participativas, equitativas, justas y pacíficas, cuidado del ambiente espiritual de la cultura que permite a las personas vivir un sentido positivo de la vida, acoger sus limitaciones, el envejecimiento y la propia muerte como parte de la vida mortal, esta sociedad de cuidado gozará de paz y concordia necesarias para la convivencia humana.

En momentos de gran miedo, ganan especial sentido las palabras del salmo 23, aquel de “el Señor es mi pastor, nada me puede faltar”. El buen pastor asegura: “aunque pases por el valle de sombra de la muerte, no temas porque yo estoy contigo”.
Quien logra vivir esta fe se siente acompañado y en la palma de la mano de Dios. La vida humana gana ligereza y conserva, incluso en medio de riesgos y amenazas, una serena jovialidad y alegría de vivir. Poco importa lo que nos suceda, sucede en su amor. Él sabe el camino y lo sabe bien.
 
Publicado en Koinonia
Leonardo Boff

Cristianos celebran el Tiempo para la Creación

Unete a rezar por la Creación. Ya hemos comenzado.

Ves a ver este enlace:
http://es.seasonofcreation.org/

28 ago. 2017

Texto bello dedicado al cantante valenciano Raimon: Recuerdos de juventud



GRÀCIES, RAIMON
18 July 2017 · per J. I. González Faus · a Cultura.

Dos pares de lecciones nos dejó Raimon tras su retirada. Uno es personal y cabe en estas dos palabras: coherencia y modestia. El otro es musical y a él voy a referirme en estas líneas. Como el espacio es limitado, atenderé sólo a las  primeras canciones del rapsoda.
En toda la obra de Raimon es fundamental la letra. Quizás por aquello de que “vengo de un silencio, antiguo y muy largo” (jo vinc d’un silenci antic i molt llarg), la música de Raimon parece hecha para sustentar y subrayar una palabra constante y concisa. Sus letras son muchas veces como mantras repetitivos, de esos que hoy tantos buscan para meditar. Pequeñas frases que gotean sobre el alma, aspirando a conseguir aquello del verso latino: la gota excava la piedra, no por fuerza sino por constancia (“gutta cavat lapidem no vi sed saepe cadendo”). Así, por ejemplo, nos va calando aquello de que somos “una luz que se escapa, una luz que se apaga, una luz que no es luz: somos la gran humareda de la tierra; venimos de la tierra, iremos a la tierra, vivimos en la tierra y seremos de la tierra”. Ahí parece latir ya la “sombra” (como Píndaro define al hombre) o la “mentira” como lo define Buda. Raimon es un excelente poeta; y me atrevo a preguntar si un Nobel de literatura no le hubiera caído mejor a él que a Bob Dylan.

La melodía se pone entonces al servicio de ese mensaje: se interrumpe o se repite para darle realce, lo adorna, le da fuerza y lo convierte en grito. No me parece posible tararear una música de Raimon sin su letra. Y, aunque sorprenda lo que voy a decir, la melodía de Raimon, vista así, me ha evocado muchas veces a un canto gregoriano, pero invertido: porque, en el gregoriano, la melodía mece y alarga muchas veces a la letra. Mientras que en Raimon es al revés: la letra ciñe a la melodía y la hace adaptarse a ella como un vestido escueto en un cuerpo bello de mujer. Parodiando a McLuhan cabría decir que, en Raimon, “la melodía es también el mensaje”.

Atendamos, pues, ahora al mensaje. Antes nos habíamos quedado en que “som el gran fum de la terra”: la sombra de Píndaro, dije. Y he aquí que, sorprendentemente, ese humo puede gritar bien sonoro “al viento”: arrostrándolo y encarándose a él con “la cara, el corazón, las manos y los ojos” (la cara al vent, el cor al vent…). “Llena de noche”, la sombra pindárica se vuelve al viento “buscando la luz, buscando la paz, buscando a Dios” por todas partes. Siempre me ha sorprendido que ésa fuese la primera canción de Raimon, por lo precisas y bien expresadas que están las tres búsquedas: la luz, de la que cada vez distamos más en esta era de postverdad; la paz, que cada vez nos faltará más porque la paz sólo brota de la justicia (y cuando no brota de ahí nos recordará el poeta que “muchas veces la paz no es más que miedo”); y Dios, en esta hora de la idolatría de Mamôn[1], de la que Heidegger dijo aquello de: “sólo un Dios puede salvarnos”.

“Somos” y “buscamos” son los verbos de esas dos canciones. La sombra se convierte aquí en el sueño que completará la frase de Píndaro (el hombre: “sueño de una sombra”), pero dándole ahora un sentido más positivo que en el vate griego. La mentira del ego se convierte ahora en “la naturaleza de Buda” que está en lo más hondo de todos nosotros. Y lo mismo podríamos decir con léxico cristiano, como el de aquel poema del entrañable Blanco Vega: “y limpia en lo más hondo del corazón del hombre, Tu imagen empañada por la culpa”.

Por qué el epifenómeno de la tierra (“el gran fum”) se atreve a encarar así al viento, nos lo responde quizás otra de sus primeras canciones; “en ti amo al mundo”. El verdadero amor vuelve al eros humano capaz de saltar de la persona amada al mundo entero. Y, para que no sea un mundo abstracto (porque es demasiado fácil y demasiado falso amar sólo a los abstractos), ese mundo se concreta en seguida: “tu tierra” (que no es la mía) y “tu gente” (que tampoco es la mía). Ése es “el difícil camino del amor” pero es también “el único camino cierto”.

Y cuando ese amor se enfrenta con el mundo descubre que “el pan es hambre para muchos” y que “la sangre es ley” de esta tierra. Hasta que brota de ahí el último mantra de la canción de Raimon: un repetido “No”, y No, y No…, que invita a seguir diciendo “No”, y nos empapa hasta gritar que no queremos ser de ese mundo. En contraposición al “Om” de la tradición hindú, armónico y pacificador, este “No” busca más bien despertarnos de nuestro sueño de inhumanidad.
Gracias pues, amigo Raimon. Hasta ahora ha sido bueno que pudiéramos oírte de vez en cuando. Ojalá en adelante te cantemos cada vez más.

25 ago. 2017

Belleza de la Creación

El Papa Francisco ha subido un video a las redes para que en todo el mes de Agosto no tuvieramos solo pensamientos de descanso y de vacaciones sino que en los lugares en que nos encontremos sepamos admirar toda la Belleza de la Creación , no solo en sus paisajes del agua, mar, rios y montañas y puestas de Sol sino en sus artistas. Y a todos invita...

Precioso entrar en ese you tube
https://www.youtube.com/watch?v=OQmTmC8PB34


La solidaridad: un paradigma olvidado. Leonardo Boff





Hay una falta clamorosa de solidaridad en el momento actual de nuestra historia. Se nos ha informado de que en este exacto momento 20 millones de personas están amenazadas de morir literalmente de hambre en Yemen, Somalia, Sudán del Sur y Nigeria. El grito de los hambrientos se dirige al cielo y a todas las direcciones. ¿Quién los escucha? Un poco la ONU y solo algunas valientes agencias humanitarias.
En nuestro país, por causa de los ajustes promovidos por los gobernantes actuales, que dieron un golpe parlamentario, buscando imponer su agenda neoliberal, hay por lo menos 500 mil familias que han perdido la “bolsa familia”. Los pobres están cayendo en la miseria de la cual habían salido y los miserables se están volviendo indigentes. No son pocos los que vienen a nuestra ONG en Petrópolis (Centro de Defensa de los Derechos Humanos), que existe desde hace 40 años, pidiendo comida. ¿Es posible negar el pan a la mano extendida y a los ojos suplicantes sin ser inhumano y carente de piedad?
Es urgente que rescatemos el significado antropológico fundamental de la solidaridad. Ella es antisistema, pues el sistema imperante capitalista es individualista y se rige por la competencia y no por la solidaridad y la cooperación. Esto va contra el sentido de la naturaleza.
Nos dicen los etnoantropólogos que la solidaridad nos hizo pasar del orden de los primates al orden de los humanos. Cuando nuestros antepasados antropoides salían a buscar sus alimentos, no los comían individualmente. Los llevaban al grupo para comer juntos. Vivían la comensalidad, propia de los humanos. Por tanto, la solidaridad está en la raíz de nuestra hominización.

El filósofo francés Pierre Leroux a mediados del siglo XIX, al surgir las primeras asociaciones de trabajadores contra el salvajismo del mercado, recuperó políticamente esta categoría de la solidaridad. Era cristiano y dijo: «debemos entender la caridad cristiana hoy como solidaridad mutua entre los seres humanos» (Cf. Jean-Louis Laville, L’économie solidaire: une perspective internationale, 1994, 25ss).
La solidaridad implica reciprocidad entre todos, como un hecho social elemental. De ahí nació la economía del don mutuo, tan bien analizada por Marcel Mauss.
Si miramos bien, la naturaleza no creó un ser para sí mismo, sino a todos los seres unos para otros. Estableció entre ellos lazos de mutualidad y redes de relaciones solidarias. La solidaridad originaria nos hace a todos hermanos y hermanas dentro de la misma especie.

La solidaridad, por tanto, es indisociable de la naturaleza humana en cuanto humana. Si no hubiese solidaridad no tendríamos manera de sobrevivir. No tenemos ningún órgano especializado (Mangelwesen de A. Gehlen) que garantice nuestra subsistencia. Para sobrevivir dependemos del cuidado y de la solidaridad de los otros. Es un hecho innegable de otros tiempos y también de hoy.
Pero tenemos que ser realistas, nos advierte E. Morin. Somos simultáneamente sapiens y demens, no como decadencia de la realidad sino como expresión de nuestra condición humana. Podemos ser sapientes y solidarios y crear lazos de humanización. Pero también podemos ser dementes y destruir la solidaridad, degollar personas como hacen los militantes del Estado Islámico o quemarlas dentro de una montaña de neumáticos, como hace la mafia de la droga.

Por causa de nuestro momento demente Hobbes y Rousseau vieron la necesidad de un contrato social que nos permitiese convivir y evitar que nos devorásemos recíprocamente.
El contrato social no nos exime de tener que reactivar continuamente la solidaridad que nos humaniza, sin la cual el lado demente predominaría sobre el sapiente.

Es lo que estamos viviendo a nivel mundial y también nacional, pues poquísimos controlan las finanzas y el acceso a los bienes y servicios naturales, dejando a más de la mitad de la humanidad en la indigencia. Bien decía el Papa Francisco: el sistema imperante es asesino y anti-vida.
Entre nosotros, las políticas actuales de ajustes fiscales están sobrecargando especialmente a los pobres y beneficiando a los pocos que controlan los flujos financieros. El Estado debilitado por la corrupción no consigue frenar la voracidad de la acumulación ilimitada de las oligarquías.

Hubo Alguien que fue solidario con nosotros. No quiso aprovecharse de su condición divina. Antes “por solidaridad se presentó como simple hombre” (Flp 2,7) y acabó crucificado. Esta solidaridad nos devolvió humanidad (nos salvó) y continúa animándonos a “tener los mismos sentimientos que él tuvo” (Flp 2,5).
Es urgente que rescatemos el paradigma básico de nuestra humanidad, tan olvidado, la solidaridad esencial. Fuera de ella desvirtuamos nuestra humanidad y la de los otros.

Leonardo Boff

25 jul. 2017

La cita espiritual. "Descansar".

 

El hecho de serenarnos nos permite descansar y descansar es una condición previa para la curación. Cuando los animales del bosque caen heridos, siempre encuentran un lugar para tenderse y descansar totalmente durante muchos días. Cuando los humanos caemos enfermos, lo único que sabemos hacer es preocuparnos. Vamos al encuentro de doctores y medicinas, pero no nos detenemos. Ni siquiera descansamos cuando vamos a la playa o a la montaña cuando estamos de vacaciones y regresamos incluso más cansados que antes. Debemos aprender a descansar.

Tenderse no es la única posición para descansar. Mientras meditamos sentados o caminando, también podemos descansar perfectamente. La meditación no tiene por qué ser una ardua labor. Deja simplemente que tu mente y tu cuerpo descansen como lo haría un animal en el bosque. No luches, no hay necesidad de alcanzar nada. Practica de un modo que no te canse, de una forma que dé a tu cuerpo, a tus emociones y a tu conciencia una oportunidad para descansar. Nuestro cuerpo y nuestra mente tienen la capacidad de curarse a sí mismos si le permitimos descansar.
De la revista Biatropia

Foto de vacaciones en el mar