27 nov. 2009

Africa: La Soberanía Alimentaria...¿ Para quien?


Vaya, ahora parece que ademas de dejarlos sin comer tambien les vamos a quitar sus tierras...pero claro lo haremos a traves de tratados y compras licitas.
Nos interesa leer esto ?

AÑO INTERNACIONAL DE LA AGRICULTURA FAMILIAR.(AIAF, en inglés IYFF)
Se trata de una campaña lanzada por el Foro Rural Mundial a favor de la declaración de la ONU del AIAF. El objetivo principal de esta campaña es dar un impulso decisivo al desarrollo de las explotaciones familiares. La celebración de un año internacional dedicado a la agricultura familiar crearía una oportunidad única para desarrollar las iniciativas públicas y privadas que tiendan a mejorar y reforzar las condiciones de vida y de trabajo de hombres y mujeres del mundo rural, para permitirles responder más eficazmente a la demanda mundial de alimentación y para el desarrollo armonioso de todos los pueblos.

En julio 2009, más de 120 organizaciones vinculadas al medio rural en cuatro continentes, África, Asia, América y Europa, han aportado un apoyo oficial a la campaña pro AIAF, comprometiéndose en numerosos países a difundir la iniciativa y obtener el apoyo oficial de sus gobiernos.
Sin embargo Sociedades comerciales de agro-negocios amenazan el derecho a la alimentación en África.
Los desafíos son de orden financiero, agronómicos, medioambientales y sociales.
AGRA es el nombre que se da a la Revolución verde en África. Es importante informar a los diputados europeos de lo que está en juego con AGRA para los agricultores y la biodiversidad en África. Sin embargo ya hay parlamentarios que intentan unirse a esas políticas que causarían grandes perjuicios para la alimentación en Africa. Afortunadamente otros rechazan el dar fondos a esta Asociación y algunos diputados europeos están interesados en conocer los hechos.

A todo esto hay que unir la preocupación existente sobre el ACAPARAMIENTO DE TIERRAS a gran escala que están haciendo muchos inversores internacionales para así asegurarse en esos paises africanos y en vías de desarrollo de la explotación agrícola e industrial para sus mercados de exportación.
Un tema del que sabemos muy poco.

25 nov. 2009

El Alakran


Interesantísima información la que hoy da Fernando Sanz en el diario financiero Cinco Días: Echebastar, la empresa propietaria del Alakrana, el atunero vasco cuyos 36 tripulantes han estado 47 días secuestrados en el Índico por piratas somalíes, facturó el año pasado 30,1 millones de euros y ganó 5,8 millones, un 298% más que el año anterior.
Echebastar tiene, según esta información, cuatro buques: Alakrana, Campolibre Alai, Elai Alai y Alkrantxu, y todos ellos operan en el Índico. En marzo pasado, el administrador de la compañía, Kepa Echevarría, escribía esto en la memoria anual de la empresa:
"Nuestra flota al completo opera en aguas del océano Índico; durante el presente ejercicio la inseguridad de la zona provocada por los ataques de barcos piratas ha complicado notablemente nuestra operativa diaria y supone un problema de dimensiones desconocidas para el sector y sus gentes. (...) Las buenas noticias, a pesar de los piratas, son que las capturas se han incrementado en un 31% con respecto al año anterior debido en gran medida a disponer de nuestra flota operativa durante todo el año. (...) Por otro lado, el problema de la piratería continúa con igual o más virulencia y los riesgos de ataques a nuestra flota siguen preocupándonos enormemente".
El armador, es evidente, sabía los riesgos que corría cuando decidió que el Alakrana se saliera del área de seguridad y por qué lo hacía. Por dinero, por mucho dinero.El Alakran

19 nov. 2009

Dos pesos y dos medidas…


Reunión de Antenas 25 Octubre 2009

El programa comercial de la Comisión Europea
entorpece el acceso a los medicamentos en África

El acceso a los medicamentos es un problema en África, dado su elevado coste y la falta de nuevos medicamentos y vacunas destinadas a luchar contra las principales enfermedades del continente.

Millones de personas en África no tienen acceso a los antirretrovirales para tratar el SIDA. Sus enfermedades no transmisibles (MNT) crecen. En caso de pandemia, el precio elevado de los medicamentos impide a África tener un stock suficiente. La mayoría de los pacientes tiene que pagar sus propios medicamentos, y la población no puede acceder a los que le salvarían la vida.

Hoy, el principal atractivo para desarrollar nuevos medicamentos es el sistema de patentes de los acuerdos de los derechos de propiedad intelectual ligados al comercio (ADPIC).Esto favorece el desarrollo de medicamentos para mercados rentables, olvidando la producción de nuevos medicamentos para las necesidades de los países pobres. Las patentes que prohíben las copias a bajo coste (los medicamentos genéricos) retrasan la concurrencia y aumentan el precio de los medicamentos. Los gobiernos africanos y las personas con pocos recursos apenas pueden comprar los medicamentos que necesitan. Cuando los compran, deben sacrificar otras necesidades elementales.

La Declaración de Doha sobre los ADPIC y la salud pública de la Organización mundial del Comercio (OMC) noviembre 2001, permite a los gobiernos tomar medidas para proteger la salud pública. Por su parte la Organización mundial de la salud (OMS) ha promovido nuevos modelos de innovación para nuevos medicamentos, susceptibles de generar productos de salud apropiados al país en desarrollo. Estos cambios han tenido lugar gracias al empeño de los países en desarrollo y a la sociedad civil, pese a una fuerte resistencia de la industria farmacéutica.

Dos pesos y dos medidas en las políticas de la UE

La Unión Europea, los estados miembros y la Comisión Europea han tomado algunas medidas para mejorar el acceso a los servicios de salud, que comprenden entre otras el acceso a las tecnologías de la salud en los países en desarrollo. La CE ha lanzado una encuesta sobre la confiscación de medicamentos por parte de Holanda, y sobre el abuso del sistema de propiedad intelectual por parte de las empresas farmacéuticas internacionales. La CE compromete mil millones de € en nuevas investigaciones y desarrollo (R&D) con vistas a generar nuevas terapias. Es un hecho que el programa comercial de la UE en los países en desarrollo va al encuentro de estos objetivos. La UE sin embargo trata de reforzar las medidas de propiedad intelectual que favorecen los intereses comerciales de las empresas y la industria farmacéutica, incluso si esto disminuye las posibilidades en los países en desarrollo para acceder a los medicamentos y a la innovación en este terreno. Sí, se ve que la UE utiliza dos pesos y dos medidas, y sufre falta de coherencia en sus diferentes políticas.

12 nov. 2009

De Madrid a Malawi



Me llamo Loreto, vivo en Madrid, tengo veintiocho años y soy profesora en los niveles de ESO y Bachillerato en un colegio concertado.
Durante el mes de agosto he tenido la oportunidad de compartir mi tiempo con niños abandonados de Malawi. Convivir con ellos, los trabajadores sociales del centro y con las Hermanas Blancas ha sido una experiencia muy bonita que me ha conmovido profundamente.
En las calles de Lilongwe hay muchos niños de la calle. Han huido de sus hogares por haber recibido maltratos o abusos. Las Hermanas de Nuestra Señora de Africa crearon hace más de diez años un centro de acogida para estos niños llamado Tikondane. Ellas y los trabajadores sociales africanos que tienen contratados salen por la noche a buscar a los niños, consiguen ganarse su confianza y les convencen para que les acompañen al centro. Allí les proporcionan un techo, comida, vestido y atención psicológica. Se lleva a cabo un trabajo de investigación para encontrar a sus familias y se intenta una reconciliación con los padres. En caso de no ser posible, se busca a otros parientes –el concepto de familia en África es más amplio que aquí en España- para tratar de lograr una reintegración, a la vez que se asegura que el niño o la niña vaya a la escuela. El trabajo de estas misioneras da sus frutos y en los últimos doce años más de mil niños han sido reintegrados con éxito.

Pero no todos los niños tienen esta suerte. Durante el tiempo que colaboré en Tikondane la policía nos trajo a un montón de niños pequeñitos, hijos de prostitutas la mayoría, que habían sido abandonados, entre ellos un bebé de año y medio. También había niños de entre cinco y siete años viviendo en este centro a los que era muy difícil encontrarles un hogar. Malawi es un país con dos millones de huérfanos por el SIDA, entre otras causas, y no hay apenas orfanatos. El ministerio de asuntos sociales está totalmente corrupto. ¿Qué sería de todos estos niños sin la labor de los misioneros?
Por desgracia, el denominador común en las vidas de todos estos pequeños que, tras haber sido abandonados, llegaban a Tikondane, son los abusos sexuales de los que han sido víctimas.
Conocer a Padtso, a Tiongwe, a Phoebe, a Rhope o a Miliyana, todos ellos niños que han sido abandonados, abusados e incluso esclavizados, me ha llenado el corazón de sentimientos encontrados. Por una parte de una tristeza muy grande al ver el sufrimiento de estos pequeños, hambrientos de amor. Por otra parte el corazón lleno de una alegría profunda e inexplicable al abrazarles, besarles, jugar, bailar y cantar canciones con ellos y ver cómo por primera vez se sentían especiales porque alguien les dedicaba atención.
Cada mañana cuando llegaba al Centro, atravesaba la puerta del patio y de repente mis manos se llenaban de un montón de pequeñas manitos que me pedían: ¡cógeme en brazos! Dar y recibir amor de forma gratuita es, con mucho, la experiencia más enriquecedora que he tenido en mi vida.
Estos chiquillos no tienen de nada y sin embargo qué sonrisas, qué risas, qué ilusión en todo lo que hacían. Niños que son niños. Niños agradecidos, que no empezaban su plato de comida sin antes acercarse a ti y decirte “karibou”, “bienvenida a comer con nosotros” y ofrecerte un poco de esa pasta hecha de maíz que comen a diario. Niños que respetan profundamente a sus mayores.
Niños que lloran, también, preguntando cuándo van a venir sus mamás a buscarles.
Una parte de mi corazón se ha quedado en África. Espero volver. De momento, aquí me espera el trabajo con nuestros chavales españoles y la tarea de despertar en ellos la sensibilidad que llevan dentro para con los que sufren.
Loreto Areal.

9 nov. 2009

Sudan. Su tierra y belleza


Nadie sabe las distancias en kilómetros en Sudán. Pero el viaje será, si no hay percances (In-Sha’-Allah, si Dios quiere) de 5 ó 6 horas. El motivo es doble, celebrar el domingo en el pueblo central allí, pues el párroco está fuera (son cuatro sacerdotes para toda la diócesis, inmensa) y dejar por el camino a un puñado bullicioso de estudiantes, que ya se apretujan impacientes en la trasera del Toyota, que quieren visitar a sus familias. Son de la primera escuela de secundaria en la región, abierta hace un año. Salimos inmediatamente.
Todo es piedra y polvo en esta época, están lejos las lluvias. Me aseguran que todo se hará verde cuando lleguen, y que los cauces por los que caminamos se desbordarán por el agua. Cuesta imaginarlo, pero les creo.

El coche trepa, literalmente, sobre las rocas y los troncos caídos. A veces la velocidad del coche es la de una persona caminando, una rueda sube a una piedra, otra baja por una rama. Nos hundimos en barrancos, subimos colinas. Encinas resecas y arbustos de monte bajo arañan los retrovisores rotos. A menudo, de entre la vegetación sucia se levantan orgullosos Baobabs, desproporcionados, altos como catedrales. Pasamos junto a chocitas circulares de barro, y niños haciendo cola en los pozos con sus rebaños de cabras. Nos detiene el paso de una fila de blindados blancos, con ruedas como tractores, visible su anagrama ‘UN’ en las banderas y los capós…Son ‘cascos azules’, desminando senderos. Los estudiantes en la camioneta saludan divertidos a esta mezcla de militares holandeses y nigerianos, pero ellos callan, parecen cansados. Paramos una y otra vez en barreras del SPLA, soldados con automáticas colgadas perezosamente al cuello, ojos enrojecidos por el aburrimiento o el alcohol. No nos molestan.

El atardecer va llenando todo con su juego de luz, que enciende una colina, y apaga la siguiente. El cansancio y la belleza del momento nos llevan callados. Cuando llegamos es casi de noche. El P.John se queda en el pueblo, pero me invita a seguir a pie hasta la aldea de cinco estudiantes, subiendo con ellos la montaña. Él se siente mayor para esos senderos. Pienso en el relevo generacional de los misioneros, en la falta de vocaciones, y un poco en Europa.

Los chavales me dejan atrás todo el tiempo, y todo el tiempo me esperan entre risas. Llevan 6 meses sin pisar su pueblo, entiendo su prisa. En seguida nos reciben de entre las sombras las primeras voces de bienvenida, y suenan tambores que en la noche comunican la llegada. Las casas parecen invisibles, levantadas con las piedras que las rodean. Madres y amigos bajan corriendo a abrazar a estos chavales que me guían, se forma un corro, ellos y ellas presumen y flirtean, sus mayores los miran con orgullo…son sus chicos y chicas de secundaria, son el futuro. A mí me alojan en una chocita de piedra junto a la iglesia. Un catequista Nuba y dos profesoras ugandesas, ávidas de novedad, cenan conmigo.
Santiago Izco

4 nov. 2009

Un medico español en Sudan. Primera parte



Se sacude el bimotor con el primer giro de las hélices. Enseguida, el bramido de motores lo llena todo. Miro por la ventanilla. Aún distingo en la polvareda el Toyota armado del SPLA (Sudanese People Liberation Army) y a los soldados fumando. Ni miraron mi pasaporte, pues para entrar o salir de este lugar no hay visados. Solo mostré un papel arrugado, el permiso de su comandante para que yo pasara allí estos meses.
Se eleva un punto más el tono de las máquinas, e iniciamos el despegue. Recuerdo las palabras que escuché unos días antes de boca de un buen hombre, un maestro de primaria. Me decía: “Tengo que ir a Jundum, me necesitan allí, porque si yo no voy…¿Quién irá?”. Jundum es la aldea donde está su escuela. El se llama Robert. Robert Kamande.
Esa aldea, con la escuela de Robert, y esta pista de donde despega ahora mi avión, están en el centro-Oeste de Sudán, en esa región que los pueblos del Nilo llaman secularmente “las Montañas Nuba”. Solo esta pista de tierra para avionetas, y un eterno camino de piedras hacia Khartoum, la comunican con el mundo. La habitan los Nuba, pueblo siempre en guerra, siempre asediados por las tribus árabes que lo rodean. Un solo europeo, cura valiente y enamorado (D. Daniel Comboni), pudo acceder al corazón de este pueblo aislado, abriéndolo al mundo y al Evangelio.
Las montañas Nuba son interminables colinas de piedra que esconden a este pueblo tan antiguo. Sus hombres, sus mujeres y niños fueron ya codiciados como esclavos por Egipto y Roma, por Etiopía y Arabia. Es trágico como se repite su historia en las tres últimas décadas, en que miles de niños Nuba han sido secuestrados y llevados a Khartoum a campos de ‘reeducación’ (arabización), o vendidos en Chad y Libia como esclavos. Este genocidio, que aún continúa en Darfur, es historia de este ensangrentado Sudán postcolonial, envuelto en el delirio islamista-nacionalista que enloquece a su presidente, Omar Al-Bachir.
El Antonov gira pesadamente al sur. Me esperan muchas horas de vuelo para salir de este país enorme. Brilla abajo el Nilo Blanco, el gran río que une el mundo árabe y negro, la sábana y el desierto. Y sigo pensando en las palabras del maestro de Jundum preocupado por su escuela. “Si yo no voy…”.
Kapuscinski, el periodista y escritor decía: “No escribo sobre “África”, un continente inmenso , sino sobre personas que encontré allí (…) , en realidad, “África” no existe”(Ébano, introducción).
Robert Kamande nació en las “tierras altas” de Kenya, sobre el gran valle del Rift. De etnia Luo, y maestro de siempre, maestro de raza. Fue contratado hace años por la diócesis de Darfur-Kurdufan para dar clase a los niños Nuba, en las aldeas que salpican estas montañas. Al principio las escuelas eran la sombra de un Baobab, lugar discreto y abierto, para estar atento al paso diario de los bombarderos, y correr a refugiarse con los niños bajo las rocas.
En 2005, con la firma de paz entre gobierno y SPLA, cesaron los ataques, y aunque la inseguridad por las incursiones de algunos Misseriya persiste (nómadas armados) las familias van volviendo a sus tierras en el valle, y miles de niños llenan de nuevo de vida las escuelas que la Iglesia reconstruye allí. Así, el camino bajo mi ventana se llena al amanecer de su vocerío y del color de sus uniformes azules, siempre corriendo con sus mochilas, siempre jugando. Niños Nuba, de ojos vivos e inmensos. Ni en otros países de África había visto yo niños así.
Un viernes me esperaba el Padre John, misionero, a la puerta de la consulta en el hospital. Son cerca de las 11, me asomo y le veo riendo, charlando en árabe con el nutrido grupo de pacientes que espera su turno a la sombra de unos arbolitos. Son mujeres envueltas en velos de colores vivos, y niños corriendo entre ellas, o en sus brazos. Algunos ancianos, y pocos hombres. El misionero se acerca y me propone algo: “Santiago, llevas ya mucho aquí, vente conmigo el fin de semana a Jundum, para que veas como son estas tierras más al sur, te descansará y abrirá los ojos”.
Santiago Izco