«El estado de derecho en todo el mundo está siendo sustituido por la ley de la selva». Son palabras recientes nada menos que de António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas. «Vemos violaciones flagrantes del derecho internacional y un descarado desprecio por la Carta de las Naciones Unidas. Desde Gaza hasta Ucrania, y en todo el mundo, el estado de derecho se está tratando como un menú a la carta». Unas semanas antes, Mark Carney, primer ministro de Canadá, hablaba así en el foro de Davos: «Dejen de invocar un orden internacional basado en reglas, como si aún funcionara». Llamen al sistema lo que es, un período en que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coacción.»
Ya sabíamos que los jefes de las naciones gobiernan muchas veces como señores absolutos; la novedad es que, lo que hasta ahora hacían de forma más o menos disimulada, ahora lo hacen “con descarado desprecio”, ante el pasmo vacilante del resto del mundo. Aunque llamemos al sistema lo que es, no podemos caer en el pesimismo. Mark Carney continuaba en tono positivo: «El viejo orden no volverá, y no debemos lamentarlo». La nostalgia no es una estrategia. Desde la fractura podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.»