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23 mar 2026

¿ Lo hemos visto antes?



¿Déjà vu? En poco tiempo, la misma tragedia se repite. Los países que se creen todopoderosos están obsesionados con sus ambiciones e intereses, y quieren imponerse por la fuerza de las armas. Para ellos, las víctimas inocentes no importan. ¡Son solo daños colaterales! Peor aún, son el objetivo para debilitar y desmoralizar a la población.
El otro daño se produce a escala global, porque son las personas más vulnerables quienes más sufren la escasez y el aumento de precios del gas para cocinar, la gasolina, los fertilizantes, los alimentos básicos, etc. Esto ya ocurrió durante la guerra de Ucrania. ¡Nada se ha aprendido, nada se ha comprendido!


Adjunto una oración a la Virgen María formulada por los dominicos de Lille.
Que esta oración por la paz les acompañe en estos tiempos difíciles y violentos.
Fraternalmente,
Andreas
¡Con María, creemos que la paz es posible!
Dulce Virgen María, una vez más,
El mundo arde entre los escombros de las ciudades bombardeadas
entre el polvo del hormigón pulverizado,
en el humo negro de los coches calcinados,
oyes, dulce Virgen María,
Un lamento desgarrador que se eleva al cielo.

Es Raquel llorando por sus hijos y negándose a ser consolada,
junto a esa mujer del Líbano,
junto a esa esposa afligida de Teherán,
junto a esa madre en duelo en Jordania,
junto a esa abuela del este del Congo,

y también esa joven soldado ucraniana con el cabello rubio salpicado de sangre,
de pie junto a todas estas mujeres, te mantienes firme.

Pero veo que tú también, dulce Virgen María, lloras.
Tú también estás herida. Una espada traspasa tu corazón,
porque durante años, a través de cinco continentes, uno tras otro,
has presenciado las tragedias causadas por conflictos mortales.

Esta barbarie desenfrenada te aflige, te afecta.
Tu corazón se retuerce de dolor por nuestro sufrimiento.
¿Hasta cuándo continuará la maldad de los hombres, sedientos de violencia y ebrios de sangre?

¿Hasta cuándo, cuántas guerras más asolarán la tierra y los corazones de las madres?

Virgen María, intercede por nosotros ante el Padre.
Él no puede negarte nada, pues un día le dijiste que sí.
Que las guerras terminen, esta es nuestra oración.
Que las armas se transformen en herramientas para reconstruir los hogares devastados.
Que el presupuesto de guerra se utilice para plantar olivos.
Que la tierra ya no sea regada con sangre y lágrimas.
Que las escuelas ya no sean blanco de misiles.
Que las madres vean por fin a sus hijos crecer sin miedo.
Que hombres y mujeres se abracen y canten juntos dando gracias por el regreso de la paz.


Así pues, oh dulce Virgen María, ¿podemos por fin tener esperanza de que la paz reine entre las naciones y en las familias?
Confiamos en ti, pues eres la madre del Príncipe de la Paz.
Te suplicamos en el nombre de Cristo que nos hagas instrumentos de paz mediante la oración y los actos de bondad.
Que el consuelo de Jesús alivie los corazones, y que su cetro de paz incline a cada hombre y mujer, víctima y soldado por igual, hacia el perdón y la amistad.
Juntos: «Ave María…»


27 ago 2025

Caminos hacia la Paz

 






El mundo de hoy necesita artífices de paz. Queremos que otros promuevan la paz. Pero ¿y nosotros? Aquí hay algunas reflexiones y maneras de participar en el camino hacia la paz.

Vale la pena considerar las siguientes reflexiones de Henri Nouwen:

· “Un pacificador ora. La oración es el principio y el fin, la fuente y el fruto, el núcleo y el contenido, la base y el objetivo de toda labor de paz. Digo esto sin disculparme, porque me permite ir directo al meollo del asunto: que la paz es un don divino, un don que recibimos en la oración… Juan 14:27. Si queremos lograr la paz, primero debemos alejarnos de las moradas de quienes odian la paz y entrar en la casa de aquel que nos ofrece su paz. Entrar en una nueva morada es la esencia de la oración…” (Henri Nouwen “Trabajo por la paz: oración, resistencia, comunidad”, Orbis Books, 2005, págs. 25-26)

· “A menudo pienso que soy un pacificador indeciso porque todavía no me he aceptado como una persona perdonada, una persona que no tiene nada que temer y es verdaderamente libre para decir la verdad y proclamar el reino de la paz… ¡Como persona perdonada, invoco la paz que es fruto del perdón!” (ibíd., pág. 63)

Convertirse en un artesano de la paz implica la disposición a dejarse transformar por Dios.

El ejemplo de la vida de Abba Moisés el Etíope (nacido alrededor del año 332 y fallecido en el 407) es revelador y edificante.

San Moisés el Etíope se celebra el 28 de agosto en las iglesias católica y ortodoxa, y el 1 de julio en la Iglesia copta.




Nuestras vidas se desarrollan en circunstancias muy diferentes, pero también llamados a vivir el mensaje de paz de Jesucristo de forma auténtica y creíble en nuestro propio contexto.

Concluyamos con este mensaje de Henri Nouwen, que nos anima a vivir la paz de forma concreta.

“¿Ofrecí paz hoy? ¿Le di una sonrisa a alguien? ¿Dije palabras de sanación? ¿Dejé ir mi ira y mi resentimiento? ¿Perdoné? ¿Amé? Estas son las verdaderas preguntas. Debo confiar en que el poquito de amor que siembro ahora dará muchos frutos, aquí en este mundo y en la vida venidera”.

¡Que la paz de Jesucristo nos guíe a todos!

Fraternalmente, Andreas

Preparado el 24 de agosto de 2025 por: Coordinación de JPIC-ED de los Misioneros de África, Europa

Rue de Linthout 130, 1040 Bruselas

3 may 2024

Recordamos a los Martires de Argelia de 1994



“Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros unos a otros como yo os he amado. »

Meditación :

➢ “Si los cristianos quieren ser verdaderos cristianos, la señal por la que que se les reconocerá no será la liturgia, ni la misa, ni los sacramentos.

Os reconocerán por mis discípulos: si como yo os he amado, también os amáis a vosotros mismos
unos a otros, incluso hasta el punto del sacrificio. » (Beato Juan Chevillard)

➢ “Continuamos nuestra presencia en la Iglesia e incluso hacemos planes para el futuro
pues aquí, como si nada, confiando en el Señor. » (Beato Alain Dieulangard)

➢ “Sé que mis actividades son peligrosas para mi vida… Esta es mi vocación, permanece…ponemos toda nuestra confianza en Aquel que tiene en Sus manos el destino de todos los hombres. El miedo reina en Argel, pero marcharse sería cobardía, mientras tanta gente sufre. El mundo actual, en general, y el de las culturas religiosas en particular no pueden escapar a la necesidad del diálogo. para asegurar la “convivencia” armoniosa que requiere el honor de Dios que queremos servirnos unos a otros. » (Beato Charles Deckers)

➢ “Creer en el significado de nuestra presencia hoy en Argelia tal vez no sea nadaademás de creer en el poder del amor, para poder decir nuevamente a tiempo que : “Hemos reconocido el amor de Dios y hemos creído en él”. »

(Beato Christian Chessel)



14 nov 2022

La cita espiritual

 

col munarriz

 



Lc 21, 5-19

«Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá»

Es evidente que Lucas (y el resto de evangelistas) está describiendo unos hechos que ya han ocurrido: la destrucción del Templo, las persecuciones, los falsos profetas… y los mezclan con expresiones de Jesús para ofrecernos un discurso escatológico de muy difícil interpretación. Pero, dentro su complejidad, hay en él un mensaje en el que queremos incidir: el fin de los tiempos.

A nosotros no nos interesa nada el fin del mundo porque dudamos que estemos aquí para verlo, pero sí nos interesa, y mucho, el fin de nuestro propio tiempo. Sabemos que nuestro destino inmediato es la muerte, y siendo coherentes, debemos aprender a vivir con esa perspectiva, aunque la sintamos como un trance terrible y absurdo por el que todos vamos a pasar.

Tradicionalmente, la mejor defensa ante este hecho ha sido la esperanza de más vida después de la muerte. Nietzsche llamaba ruin y miserable a quien se refugiaba en el más allá para huir de la realidad de la vida, pero el deseo de evadirse es algo propio de la condición humana, y el hombre moderno lo sigue sintiendo como una necesidad acuciante. La diferencia es que, a falta de esperanza, ahora se evade a través de la infinidad de mecanismos que la sociedad de consumo ha puesto a su disposición precisamente con ese fin.

Heidegger, ateo destacado, llama inauténtica a esta manera de vivir, y propone una forma de afrontar la finitud de la vida sin menoscabo de su sentido. En su obra “El ser para la muerte” nos invita a vivir con autenticidad asumiendo como algo natural el hecho de la muerte. «Debemos aceptar que somos finitos, asumir la angustia de caminar hacia la nada, no renunciar a disfrutar de todas las posibilidades que se abren ante nosotros, correr el riesgo de equivocarnos y arrepentirnos, vivir cada momento de nuestra vida conscientes de que vamos a morir» …

Juan Antonio Estrada S.J., desde su posición de creyente, hace unas consideraciones en torno a la forma de encarar nuestra finitud que nos parecen muy interesantes y que queremos compartir. Dice que «es muy saludable actuar sabiendo que esta vida se acaba y que no sabemos cuándo se va a acabar, porque esta actitud nos urge a vivir con más intensidad, a no darnos tanta importancia, a ser menos egoístas y tratar de mejorar nuestra relación con los demás».

Añade que cuando alguien interioriza de verdad que la vida en este mundo es efímera, se da cuenta de que el apego a las cosas es una gran necedad que le hace daño y no le lleva a ninguna parte. Entonces combate sus apegos y comprueba que se pueden vencer, y con ellos, el dolor que le provocan. Y de esta forma gana en compasión, en alegría, en amor, en bondad, en sabiduría… porque su corazón se ha librado del temor que le atenazaba…

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Publicado en Cristianos Siglo XXI

14 abr 2020

La pascua en un prolongado viernes santo


¿Cómo celebrar la pascua, la victoria de la vida sobre la muerte, y más aún, la irrupción del ser humano nuevo, en el contexto de un viernes santo de pasión, dolor y muerte, que no sabemos cuándo termina, bajo el ataque del coronavirus sin distinción a toda la humanidad?

Apesadumbrados, incluso en esta pandemia es apropiado celebrar la pascua con una reservada alegría. No es sólo una fiesta cristiana, responde a una de las más antiguas utopías humanas: la irrupción del ser humano nuevo.

En todas las culturas conocidas, desde la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés, pasando por el mito griego de Pandora, hasta la utopía de la Tierra sin Males de los Tupí-Guaraní, existe la percepción de que el ser humano tal como lo conocemos debe ser superado. No está listo. Aún no ha acabado de nacer. El verdadero ser humano está latente en los dinamismos de la cosmogénesis y la antropogénesis. Aparece como un proyecto infinito, portador de innumerables potencialidades que forcejean por irrumpir. Intuye que sólo será plenamente ser humano, el ser humano nuevo, entonces, cuando tales potencialidades se realicen plenamente.

Todos sus esfuerzos, por grandes que sean, se topan con una barrera insuperable: la muerte. Incluso la persona más vieja, llegará un día en que también morirá. Alcanzar una inmortalidad biológica, conservando las actuales condiciones espacio-temporales, como algunos proponen, sería un verdadero infierno: buscar realizar el infinito dentro de sí y encontrar sólo finitos que nunca lo sacian. Siempre está a la espera. Tal vez el espíritu mataría al cuerpo para realizar lo infinito de su deseo.

Pero he aquí que un ser humano se levanta en Galilea, Jesús de Nazaret, y proclama: “El tiempo de espera ha terminado. Se acerca el nuevo orden que va a ser introducido por Dios. Revolucionad vuestra forma de pensar y de actuar. Creed esta buena noticia” (cf. Mc 1,15; Mt 4,17).

Conocemos la trágica saga del profético Predicador: “Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). Él, que “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hch 10,39) fue rechazado, y terminó clavado en la cruz.

Pero he aquí que tres días después, las mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro y oyeron una voz: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Jesús no está aquí. Ha resucitado” (Lc 24,5; Mc 16,6).

Este es el hecho nuevo y siempre esperado: la buena noticia se ha hecho realidad. De un muerto surgió un resucitado, un ser nuevo. Este es el significado de la Pascua, la fiesta central del cristianismo. Sus seguidores pronto entendieron que el Resucitado era la realización del sueño ancestral de la humanidad: la espera ha terminado. Ahora es el tiempo de la vida plena sin muerte. Liberado del espacio y del tiempo y de los condicionamientos humanos, el Resucitado aparece, desaparece, se hace presente con los caminantes de Emaús, se presenta en la playa y come con los apóstoles y se le reconoce al partir el pan.

Los Apóstoles no saben cómo definirlo. San Pablo, el mayor genio del pensamiento cristiano, eligió la palabra correcta: “Él es el novísimo Adán” (1Cor 15,45). Un Adán no sometido ya a la muerte, el que dejó atrás al viejo Adán mortal.

Como si se burlara, provoca San Pablo: “Oh, muerte, ¿dónde está tu victoria? ¿Dónde está el aguijón con el que asustabas a los humanos? La muerte ha sido tragada por la victoria de Cristo” (1Cor 15,55). Y lo define como “un cuerpo espiritual” (1Cor 15,44), es decir, es concreto y reconocible como cuerpo humano, pero de una manera diferente, con las cualidades del espíritu. El espíritu tiene una dimensión cósmica. Está en el cuerpo, pero también en las estrellas más distantes y en el corazón de Dios. Lo espiritual también se entiende como la forma de ser propia del Espíritu Santo. Está en todo, mueve todas las cosas y llena el universo.

Un antiguo texto, de los años 50, del Evangelio de Santo Tomás dice bellamente: “Levanta la piedra y estoy debajo de ella; parte la leña y estoy dentro de ella, porque estaré con vosotros todos los días hasta la plenitud de los tiempos”. Levantar una piedra requiere fuerza, cortar leña requiere esfuerzo. Incluso ahí, está el Resucitado, en las cosas más cotidianas.

En sus epístolas, especialmente a los Efesios y a los Colosenses, San Pablo desarrolla una verdadera cristología cósmica. Él “es todo en todas las cosas” (Col 3,12); “la cabeza de todas las cosas” (Ef 1,10). En el lenguaje de la cosmología moderna, el paleontólogo y pensador Pierre Teilhard de Chardin dirá lo mismo en el siglo XX.

Tenemos que entender la resurrección correctamente. No es la reanimación de un cadáver, como el de Lázaro que volvió a ser lo que era antes y terminó muriendo. La resurrección es la plena realización de todas las potencialidades escondidas dentro de la realidad humana. La muerte ya no ejerce dominio sobre él. Es efectivamente el nacimiento terminal del ser humano, como si hubiera llegado a la culminación del proceso evolutivo o lo hubiera anticipado. En la fuerte expresión de Teilhard de Chardin, el Resucitado explosionó e implosionó en Dios.

La pascua es la inauguración del ser humano nuevo, plenamente realizado. Es aplicable para todos los seres humanos. Por lo tanto, tal bendito evento no es exclusivo de Jesús. San Pablo nos asegura que participamos de esta resurrección: “Él es la primicia (la anticipación) de los que mueren” (1Cor 5,20), “el primero entre muchos hermanos y hermanas” (Rm 8,29).

A la luz de esta fiesta pascual podemos decir que la alternativa cristiana es ésta: la vida o la resurrección. Afirmamos y reafirmamos con alegría: no vivimos para morir, sino para resucitar.

2020-04-13


página de Leonardo Boff