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23 abr 2026

El Tratado Global de los Océanos entra en vigor tras ser ratificado por más de 60 países






. Está diseñado para transformar la “alta mar” y el lecho marino internacional en un entorno sostenible

· Un hito en la protección de ecosistemas oceánicos tras dos décadas de iniciativas

Se ha tardado más de 20 años en que se hiciera realidad. Veinte años donde un movimiento global de pueblos indígenas, de activistas, científicos, pescadores, abogados, músicos, políticos, artistas, ecologistas y muchas personas amantes del mar, de los océanos y de la biodiversidad que los puebla, se propusieran un objetivo común. El 17 de enero se hizo realidad ese anhelo que ha llevado más de cuatro años de conversaciones formales para llegar a la meta. Se trata de un tratado diseñado para transformar la “alta mar” y el lecho marino internacional en un entorno que se gestione de manera sostenible en beneficio de toda la humanidad.

Para el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, se trata de “un logro histórico para el océano y el multilateralismo”, al cabo de dos décadas de iniciativas y debates promovidas por la organización mundial para adoptar un tratado jurídicamente vinculante.

Para la organización ambientalista internacional Greenpeace, la entrada en vigor del tratado significa que “la relación de la humanidad con lo que cubre dos tercios de nuestro planeta cambiará profundamente”.

“La alta mar es uno de los principales bienes comunes mundiales, intrínsecamente vinculados a la salud y la felicidad de todos los seres humanos del planeta. El océano captura y almacena carbono, genera la mitad del oxígeno que respiramos y regula el clima”, recuerda un informe de la organización que saluda el hito de este sábado.

Que también añade que los océanos “proporcionan alimento, energía y sustento a miles de millones de personas, albergan alrededor de un cuarto de millón de especies marinas conocidas por los humanos, y quizás el doble de esa cantidad aún está por descubrir”.

Tras la entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante para los 81 países que lo han ratificado hasta ahora, lo que significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.

España fue el primer país europeo que ratificó el Tratado

En febrero de 2025 España ratificó el tratado que ahora se ha hecho vinculante una vez que han pasado tres meses desde que Marruecos, el país número 60 se uniera a este grupo.

Muchas economías importantes lo han ratificado, en particular China, Alemania, Japón, Francia y Brasil.


publicado en Biotropia

19 jul 2021

Agua: ¿fuente de vida o fuente de lucro? Contra la privatización del agua

 

Hoy hay dos cuestiones principales que afectan a toda la humanidad: el calentamiento global y la creciente escasez de agua potable. Ambas obligan a profundos cambios en nuestro modo de vivir, pues pueden producir un colapso de nuestra civilización y afectar profundamente el sistema-vida.


Atengámonos a la cuestión del agua, codiciada por las grandes corporaciones para privatizarla y lucrarse enormemente. Ella puede ser tanto motivo de guerras como de solidaridad social y cooperación entre los pueblos. Ya se ha dicho que las guerras del siglo XX eran por petróleo y las del siglo XXI serán por agua potable. No obstante, ella puede ser referencia central para un nuevo pacto social mundial entre los pueblos y los gobiernos con vistas a la supervivencia de todos.

Consideremos los datos básicos acerca del agua. El agua es extremadamente abundante y al mismo tiempo escasa. Hay cerca de 1.360.000.000 km3 cúbicos de agua en la Tierra. Si tomáramos toda esa agua que está en los océanos, lagos, ríos, acuíferos y cascos polares y la distribuyésemos equitativamente sobre una superficie terrestre plana, toda la Tierra quedaría sumergida bajo el agua a tres km de profundidad. El 97% es agua salada y el 3% es agua dulce. Pero solamente el 0,7% de esta es directamente accesible al uso humano. De este 0,7, el 70% va para la agricultura, el 22% para la industria y lo que queda para el uso humano y animal.

La renovación de las aguas es del orden de 43.000 km3 al año, mientras que el consumo total está estimado en 6.000 km³ al año. Hay por lo tanto superabundancia de agua, pero desigualmente distribuida: el 60% se encuentra en sólo 9 países, mientras otros 80 enfrentan escasez. Poco menos de mil millones de personas consumen el 86% del agua existente, mientras que para 1.400 millones es insuficiente (en 2020 serán tres mil millones) y para dos mil millones no es tratada, lo que genera un 85% de las enfermedades comprobables. Se presume que en 2032 cerca de 5.000 millones de personas se verán afectadas por la crisis del agua.

El problema no es la escasez de agua sino su mala gestión y distribución para atender las demandas humanas y de los demás seres vivos. Brasil es la potencia natural de las aguas, con el 13% de toda el agua dulce del planeta, con un total de 5,4 billones de metros cúbicos. A pesar de la abundancia, se desperdicia el 46%, lo que daría para abastecer a toda Francia, Bélgica, Suiza y el Norte de Italia. Carecemos aún de una cultura del agua.

Por ser escasa, el agua dulce se ha convertido en un bien de alto valor económico. Como hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado, todo se transforma en mercancía. En función de esta “gran transformación” (Karl Polanyi), hoy en día hay una carrera mundial desenfrenada para privatizar el agua y obtener grandes lucros de ello.

Así han surgido empresas multinacionales como las francesas Vivendi y Suez-Lyonnaise, la alemana RWE, la inglesa Thames Water y la americana Bechtel, entre otras. Se ha creado un mercado de las aguas de más de 100.000 millones de dólares. Ahí están fuertemente presentes Nestlé y Coca-Cola, buscando comprar fuentes por todas partes del mundo.

El gran debate hoy se presenta en estos términos: ¿el agua es fuente de vida o fuente de lucro? ¿El agua es un bien natural, vital, común e insustituible, o un bien económico a ser tratado como recurso hídrico y como mercancía?

Para empezar es importante reconocer que el agua no es un bien económico como cualquier otro. Está tan ligada a la vida que debe ser entendida como algo vital y sagrado. La vida no puede ser transformada en mercancía. Es uno de los bienes más excelentes del proceso evolutivo y unos de los mayores dones divinos. Además, el agua está ligada a otras dimensiones culturales, simbólicas y espirituales que la hacen preciosa y cargada de valores que en sí no tienen precio.

Para entender la riqueza del agua que transciende su dimensión económica, necesitamos romper con la dictadura de la razón instrumental-analítica y utilitarista, impuesta a toda la sociedad. Ésta ve el agua como mero recurso hídrico con el cual se puede hacer negocios. Atiende sólo a finalidades y utilidades. Pero el ser humano tiene otros ejercicios de su razón. Existe la razón más ancestral, sensible, emocional, cordial y espiritual. Este tipo de razón va más allá de finalidades y utilidades. Esta razón está ligada al sentido de la vida, a los valores, al carácter simbólico ético y espiritual del agua.

En esta perspectiva, el agua se considera un bien común natural, como fuente y nicho donde hace 3.800 millones de años surgió la vida en la Tierra. El agua es un bien común público mundial. Es patrimonio de la biosfera y vital para todas las formas de vida. No existe vida sin agua.

Obviamente, las dimensiones del agua como fuente de vida y como recurso hídrico no necesitan excluirse, pero deben ser rectamente relacionadas. Fundamentalmente el agua pertenece al derecho a la vida.

La ONU declaró el día 28 de julio de 2010 que el agua limpia y segura, así como el saneamiento básico, constituye un derecho humano fundamental.

Pero ella demanda, sí, una compleja estructura de captación, conservación, tratamiento y distribución, lo que implica una innegable dimensión económica. Ésta, sin embargo, no debe prevalecer sobre la otra, la del derecho, sino que debe hacer el agua accesible a todos. Se debe garantizar a todos gratuitamente por lo menos 50 litros de agua potable y sana al día. Corresponde al poder público, junto con la sociedad organizada, crear la financiación pública para cubrir los costos necesarios para garantizar ese derecho de todos. Las tarifas para los servicios deben tener en cuenta los diversos usos del agua, ya sea doméstico, industrial, agrícola o recreativo. Para los usos en la industria y en la agricultura, evidentemente, el agua esta sujeta a precio.

La visión predominante mercadológica distorsiona la correcta relación entre el agua como fuente de vida y el agua como recurso hídrico. Esto se debe fundamentalmente a la exacerbación de la propiedad privada que hace que se trate al agua sin el sentido de compartir ni de considerar las demandas de los demás y de toda la comunidad de vida.

Es todavía muy débil el principio de solidaridad social y de comunidad de intereses y del respeto por las cuencas hidrográficas que transcienden los límites de las naciones como ocurre, por ejemplo, entre Turquía de una parte y Siria e Iraq de otra, o entre Israel de un lado y Jordania y Palestina del otro, o también entre USA y México en lo que se refiere a los ríos Río Grande y Colorado.

Para discutir todas estas cuestiones vitales se creó en 2003 en Florencia, Italia, el Fórum Mundial Alternativo del Agua. En él se propuso la creación de una Autoridad Mundial del Agua. Ella sería una instancia de gobierno público, cooperativo y plural para tratar del agua a nivel de las grandes cuencas hídricas internacionales así como su distribución más equitativa según las demandas regionales.

Paralelamente, se formó una articulación internacional con vistas a un Contrato Mundial del Agua. Como no existe un contrato social mundial, podría elaborarse en torno a aquello que efectivamente une a todos, que es el agua, de la cual depende la vida de las personas y de los demás seres vivos. De manera semejante ahora con la irrupción de la Covid-19, urge un contrato mundial de salvaguarda de la vida humana, mas allá de cualquier soberanismo, visto como algo superado, de otro tiempo histórico.

Un papel importante es presionar a los gobiernos y a las empresas para que el agua no se lleve a los mercados ni se considere una mercancía. Es importante fomentar la cooperación público-privada para evitar que tanta gente muera por falta de agua o como resultado de un agua mal tratada. Cada día, 6.000 niños mueren de sed y unos 18 millones de niños y niñas dejan de ir a la escuela porque se ven obligados a ir a buscar agua a 5-10 km de distancia. Es importantísimo conservar los bosques y las selvas en pie y reforestar lo más posible. Son los que garantizan la permanencia del agua, alimentan los acuíferos, así como mitigan el calentamiento global mediante la captación de dióxido de carbono y la producción de oxígeno vital.
Un mundo con hambre cero, preconizado desde hace años por los Objetivos del Milenio de la ONU debería incluir la sed cero, porque el agua es alimento y no hay nada que pueda vivir y ser consumido sin agua. Finalmente, el agua es vida, generadora de vida y uno de los símbolos más poderosos de la vida eterna, ya que Dios aparece como vivo, generador de toda vida y fuente infinita de vida.


2021-07-18
Página de Boff en Koinonía

6 nov 2020

En tiempos de covid: el cuidado necesario y la hermandad afectuosa

 


  

En los días actuales, especialmente durante el aislamiento social, debido a la presencia peligrosa del coronavirus, la humanidad despertó de su sueño profundo: empezó a oír los gritos de la Tierra y los gritos de los pobres, y la necesidad de cuidarnos unos a otros y también a la naturaleza y a la Madre Tierra. De pronto nos dimos cuenta de que el virus no vino del aire y no puede ser pensado en forma aislada, sino dentro de su contexto: vino de la naturaleza. Es la respuesta de la Madre Tierra al antropoceno y el necroceno, es decir, a la destrucción sistemática de vidas, debida a la agresión del proceso industrialista, en una palabra, al capitalismo globalizado. Este avanzó sobre la naturaleza, deforestando miles de hectáreas en el Amazonas, en el Congo y en otros lugares donde se encuentran las selvas y bosques húmedos. Esto destruyó el hábitat de cientos y cientos de virus que se encontraban en los animales e incluso en los árboles. Saltaron a otros animales y de éstos a nosotros.

Como consecuencia de nuestra voracidad incontrolada, cada año desaparecen cerca de cien mil especies de seres vivos, después de millones de años de vida en la Tierra, y todavía, según datos recientes, un millón de especies vivas corren el riesgo de desaparecer.

La idea-fuerza de la cultura moderna era y sigue siendo el poder como dominación de la naturaleza, de otros pueblos, de todas las riquezas naturales, de la vida e incluso de los confines de la materia. Esta dominación ha causado las amenazas que pesan actualmente sobre nuestro destino. Esta idea-fuerza tiene que ser superada. Bien dijo Albert Einstein: “la idea que creó la crisis no puede ser la misma que nos saque de la crisis; tenemos que cambiar”.

La alternativa será ésta: en lugar del poder como dominación tenemos que poner la fraternidad y el cuidado necesario. Estas son las nuevas ideas-fuerza. Como hermanos y hermanas, todos somos interdependientes y debemos amarnos y cuidarnos unos a otros. El cuidado implica una relación afectuosa con las personas y con la naturaleza; es amigo de la vida, protege y da paz a todos los que están alrededor.

Si el poder como dominación significaba el puño cerrado para someter, ahora ofrecemos la mano extendida para entrelazarla con otras manos, para cuidar y abrazar afectuosamente. Esta mano cuidadosa traduce un gesto no agresivo hacia todo lo que existe y vive.

Por lo tanto, es urgente crear la cultura de la fraternidad sin fronteras y el cuidado necesario que une todo. Cuidar todas las cosas, desde nuestro cuerpo, nuestra psique, nuestro espíritu, a los demás y más cotidianamente la basura de nuestras casas, el agua, los bosques, los suelos, los animales, a unos y otros, empezando por los más vulnerables.

Sabemos que todo lo que amamos, lo cuidamos, y todo lo que cuidamos también lo amamos. El cuidado cura las heridas del pasado e impide las futuras.

En este contexto urgente cobra sentido uno de los más bellos mitos de la cultura latina: el mito del cuidado.

Cierto día, caminando a la orilla de un rio, Cuidado vio un trozo de barro. Fue el primero en tener la idea de tomar algo de ese barro y darle la forma de un ser humano. Mientras contemplaba, contento consigo mismo, lo que había hecho, apareció Júpiter, el dios supremo de los griegos y romanos. Cuidado le pidió que soplara espíritu en la figura que acababa de modelar. A lo que Júpiter accedió de buen grado. Pero cuando Cuidado quiso dar un nombre a la criatura que había diseñado, Júpiter se lo prohibió. Dijo que esta prerrogativa de imponer un nombre era misión suya. Cuidado insistía en que tenía este derecho al haber pensado primero y moldeado la criatura en forma de un ser humano.

Mientras Júpiter y Cuidado discutían acaloradamente, apareció de repente la diosa Tierra. También ella quería darle un nombre a la criatura, ya que, según ella, estaba hecha de arcilla, material del cuerpo de la Tierra. Se produjo una discusión general sin llegar a un consenso.

De común acuerdo, pidieron al antiguo Saturno, llamado también Cronos, fundador de la edad de oro y de la agricultura, que actuara como árbitro. Apareció en escena y tomó la siguiente decisión que a todos les pareció justa:

“Tú, Júpiter, le has dado el espíritu; por lo tanto, recibirás este espíritu de vuelta cuando esta criatura muera”.

"Tú, Tierra, le has dado el cuerpo; por lo tanto, recibirás también el cuerpo de vuelta cuando esa criatura muera”.

“Como, tú, Cuidado, fuiste quien dio forma a esa criatura, ella permanecerá bajo tu cuidado mientras viva”.

"Y como no hay consenso entre ustedes sobre el nombre, decido yo: esta criatura se llamará Ser Humano, es decir, hecho de humus, que significa tierra fértil”.

Veamos la singularidad de este mito. El cuidado es anterior a cualquier otra cosa. Es anterior al espíritu y anterior a la Tierra. En otras palabras, la concepción del ser humano como compuesto de espíritu y cuerpo no es originaria. El mito es claro al afirmar que “fue Cuidado el que primero moldeó la arcilla en forma de un ser humano”.

El cuidado aparece como el conjunto de factores sin los cuales el ser humano no existiría. El cuidado constituye esa fuerza original de la que brota y se alimenta el ser humano. Sin cuidado, el ser humano seguiría siendo sólo un muñeco de arcilla o un espíritu desencarnado y sin raíz en nuestra realidad terrestre.

Cuidado, al moldear al ser humano, empeñó amor, dedicación, devoción, sentimiento y corazón. Tales cualidades pasaron a la figura que él proyectó, es decir, a nosotros, los seres humanos. Estas dimensiones entraron en nuestra constitución como un ser amoroso, sensible, afectuoso, dedicado, cordial, fraternal y lleno de sentimiento. Esto hace que el ser humano emerja realmente como humano.

Cuidado recibió de Saturno la misión de cuidar al ser humano durante toda su vida. De lo contrario, sin cuidado, no subsistiría ni viviría. Efectivamente, todos somos hijos e hijas del infinito cuidado de nuestras madres. Si no nos hubieran acogido con cariño y cuidado, no hubiéramos sabido cómo salir de la cuna a buscar nuestra comida. En poco tiempo habríamos muerto, porque no tenemos ningún órgano especializado que garantice nuestra supervivencia.

El cuidado, por lo tanto, pertenece a la esencia del ser humano. Pero no sólo eso. Es la esencia de todos los seres, especialmente de los seres vivos. Si no los cuidamos, se marchitan, poco a poco van enfermando y finalmente mueren.

Lo mismo ocurre con la Madre Tierra y todo lo que existe en ella. Como bien dijo el Papa Francisco en su encíclica que tiene como subtítulo “Cuidando de la Casa Común”: “debemos alimentar la pasión por el cuidado del mundo”.

El cuidado es también una constante cosmológica. Bien dicen los cosmólogos y los astrofísicos: si las cuatro fuerzas que sostienen todo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte) no se hubieran articulado con extremo cuidado, la expansión sería demasiado enrarecida y no habría densidad para originar el universo, nuestra Tierra y a nosotros mismos. O bien sería demasiado densa y todo explotaría en cadena y no existiría nada de lo que existe. Y ese cuidado preside el curso de las galaxias, las estrellas y todos los cuerpos celestes, la Luna, la Tierra y nosotros mismos.

Si vivimos la cultura y la ética del cuidado, asociado al espíritu de hermandad entre todos, también con los seres de la naturaleza, habremos colocado los fundamentos sobre los cuales se construirá un nuevo modo de relacionarnos y de vivir en la Casa Común, la Tierra. El cuidado es la gran medicina que nos puede salvar y la hermandad general nos permitirá la siempre deseada comensalidad y el amor y el afecto entre todos. Entonces continuaremos brillando y desarrollándonos en este bello planeta.

Esta consideración sobre el cuidado concierne a todos los que cuidan de la vida en su diversidad y del planeta, especialmente ahora, bajo la pandemia de la Covid-19: el cuerpo médico, los enfermeros y enfermeras y todo el personal que trabaja en los hospitales, pues el cuidado esencial cura las heridas pasadas, impide las futuras y garantiza nuestro futuro de nuestra civilización de hermanos y hermanas, juntos en la misma Casa Común.


2020-11-01


Leonardo Boff

18 may 2017

Felber defiende una economía ética, sostenible y de justicia social

·                                     El experto ofrece una conferencia magistral sobre 'La economía del bien común'




El modelo económico del "bien común", una teoría defendida por Christian Felber, profesor de la Universidad de Economía y Negocios de Viena, Graz y Klagenfurt, acaparó el protagonismo en la primera de las tres jornadas del Congreso Internacional sobre Cambio Climático.


El experto ofreció una conferencia magistral en la que defendió que para conseguir frenar el cambio climático la economía "tiene que volver a sus orígenes y ser despojada de los atributos que le ha endosado el capitalismo y los meros intereses crematísticos".


En este sentido, señaló que el mundo necesita volver a la "esencia de la economía", que no es otra que buscar el bien común de las personas y, por lo tanto, del planeta, en la que rijan los valores éticos, sostenibles y de justicia social.


Según Felber, muchas constituciones y normas legales recogen el principio según el cual la actividad económica debe servir a estos intereses generales y, en general, al bien público. Así, por ejemplo, citó que la Constitución de Baviera en su artículo 151 indica que "toda actividad económica sirve al bien común".


Felber cuestionó el concepto de "éxito económico" actual y los medidores que lo indican, al realizar una defensa contundente de que el bienestar nacional no se puede medir solo con el Producto Interior Bruto, sino que se deben contemplar otros índices para poder medir la calidad y felicidad de la sociedad. Este modelo económico alternativo de Felber pone también el acento en que el impulso del libre comercio conlleva "acelerar aún más el cambio climático", por lo que considera que la economía debe tener presente una gestión eficiente, con unas relaciones laborales respetuosas y decisiones democráticas.

El profesor austríaco de Economía, filólogo y sociólogo señaló que, aspectos como "el clima, los derechos humanos o la democracia, no se suelen considerar en la economía clásica", pero, a su juicio, deben contemplarse en el mundo de hoy, donde además, hay que tener en cuenta los límites ecológicos del planeta. Así, indicó que "el capital en sí no es malo", pero alertó de que no se debe confundir "el fin con el medio", ya que se pone todo patas arribas. Para sorpresa de todos, como metáfora de su idea, Felber hizo el pino en el escenario.

Publicado en el periodico de Huelva

7 mar 2017

“Un huerto bien regado”


Las lecturas del fin de semana nos han traído temas bien interesantes para nuestra Cuaresma en conversión ecológica:
  • En primer lugar, el viernes, día tradicional de “abstinencia”, nos trajo una visión del ayuno muy lejana a la del sacrificio personal, y más cercana a la de la justicia social; en este contexto, la Alianza Católica por el Clima nos invitaba a pensar en la dimensión social que hoy puede tener el dejar de comer carne, o el hacerlo en menor medida, ya que el consumo de carne, sobre todo de carnes rojas, tiene un gran impacto ecológico, mucho mayor que el consumo de la misma cantidad de proteínas de procedencia vegetal. Este si es un ayuno en la línea de los ayunos que Dios quiere, según nos lo presenta el profeta Isaías

  • El sábado, en labios del mismo profeta, se nos presenta una hermosa metáfora del creyente comprometido con la justicia social: “Serás un huerto bien regado”. Hermosa metáfora que nos coloca en la senda de la ecología profunda de la Laudato si, en la que la Naturaleza no aparece tan sólo como receptora de la acción humana, sino también como modelo de comprensión de la propia vida del ser humano. Implicarse en acciones justas tiene, por tanto, efectos beneficiosos sobre nuestra vida, a la que puede hacer florecer y dar fruto en plenitud.


  • Y hoy domingo se nos presenta el texto de las tentaciones, el mismo texto que durante este trimestre se está trabajando en el Plan de Evangelización de la Archidiócesis de Madrid. En el ámbito de la ecología resuenan aquí las múltiples tentaciones en que incurre el ser humano: la de utilizar la Naturaleza pra su propio beneficio exclusivo, y vivirla como mero recurso; la de mostrarse ante la Naturaleza como quien tiene realmente el poder y la capacidad de decisión, como si estuviera separado de la propia vida natural; y la de fabricarse ídolos a los que adorar,  como el dinero y el progreso, alejándose así de la vinculación con los otros seres humanos, con la Naturaleza y con el mismo Dios. Hay también que hacer aquí un esfuerzo serio para no dejarse llevar por las tentaciones y volver al verdadero sentido de la vida, una vida de relaciones con los hermanos, inserta responsablemente en el medio natural y abierta a la trascendencia de Dios.