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12 nov 2009

De Madrid a Malawi



Me llamo Loreto, vivo en Madrid, tengo veintiocho años y soy profesora en los niveles de ESO y Bachillerato en un colegio concertado.
Durante el mes de agosto he tenido la oportunidad de compartir mi tiempo con niños abandonados de Malawi. Convivir con ellos, los trabajadores sociales del centro y con las Hermanas Blancas ha sido una experiencia muy bonita que me ha conmovido profundamente.
En las calles de Lilongwe hay muchos niños de la calle. Han huido de sus hogares por haber recibido maltratos o abusos. Las Hermanas de Nuestra Señora de Africa crearon hace más de diez años un centro de acogida para estos niños llamado Tikondane. Ellas y los trabajadores sociales africanos que tienen contratados salen por la noche a buscar a los niños, consiguen ganarse su confianza y les convencen para que les acompañen al centro. Allí les proporcionan un techo, comida, vestido y atención psicológica. Se lleva a cabo un trabajo de investigación para encontrar a sus familias y se intenta una reconciliación con los padres. En caso de no ser posible, se busca a otros parientes –el concepto de familia en África es más amplio que aquí en España- para tratar de lograr una reintegración, a la vez que se asegura que el niño o la niña vaya a la escuela. El trabajo de estas misioneras da sus frutos y en los últimos doce años más de mil niños han sido reintegrados con éxito.

Pero no todos los niños tienen esta suerte. Durante el tiempo que colaboré en Tikondane la policía nos trajo a un montón de niños pequeñitos, hijos de prostitutas la mayoría, que habían sido abandonados, entre ellos un bebé de año y medio. También había niños de entre cinco y siete años viviendo en este centro a los que era muy difícil encontrarles un hogar. Malawi es un país con dos millones de huérfanos por el SIDA, entre otras causas, y no hay apenas orfanatos. El ministerio de asuntos sociales está totalmente corrupto. ¿Qué sería de todos estos niños sin la labor de los misioneros?
Por desgracia, el denominador común en las vidas de todos estos pequeños que, tras haber sido abandonados, llegaban a Tikondane, son los abusos sexuales de los que han sido víctimas.
Conocer a Padtso, a Tiongwe, a Phoebe, a Rhope o a Miliyana, todos ellos niños que han sido abandonados, abusados e incluso esclavizados, me ha llenado el corazón de sentimientos encontrados. Por una parte de una tristeza muy grande al ver el sufrimiento de estos pequeños, hambrientos de amor. Por otra parte el corazón lleno de una alegría profunda e inexplicable al abrazarles, besarles, jugar, bailar y cantar canciones con ellos y ver cómo por primera vez se sentían especiales porque alguien les dedicaba atención.
Cada mañana cuando llegaba al Centro, atravesaba la puerta del patio y de repente mis manos se llenaban de un montón de pequeñas manitos que me pedían: ¡cógeme en brazos! Dar y recibir amor de forma gratuita es, con mucho, la experiencia más enriquecedora que he tenido en mi vida.
Estos chiquillos no tienen de nada y sin embargo qué sonrisas, qué risas, qué ilusión en todo lo que hacían. Niños que son niños. Niños agradecidos, que no empezaban su plato de comida sin antes acercarse a ti y decirte “karibou”, “bienvenida a comer con nosotros” y ofrecerte un poco de esa pasta hecha de maíz que comen a diario. Niños que respetan profundamente a sus mayores.
Niños que lloran, también, preguntando cuándo van a venir sus mamás a buscarles.
Una parte de mi corazón se ha quedado en África. Espero volver. De momento, aquí me espera el trabajo con nuestros chavales españoles y la tarea de despertar en ellos la sensibilidad que llevan dentro para con los que sufren.
Loreto Areal.

20 dic 2008

La Navidad y los niños.



La Navidad siempre esta conectada con la palabra niños. Y si no los hubieran nos invita a la niñez con el deseo de hacerte niño o niña y dejar de ser por unos días adulta, seria o volverte mas vulnerable y dependiente de los demás.

Para mi esos recuerdos vienen de los años en que yo descubría África y un hermano y hermana se dedicaban a criar hijos por lo que en la primera y segunda de mis vacaciones en España ya teníamos nueve de ellos y nosotros los treinta y muy pocos años recién cumplidos.

Cuando más disfrutábamos eran los fines de semana en un chalet con todos ellos y los adoptados amiguitos y amiguitas de estos hasta alcanzar fácilmente una trouppe de mas quince niños. Recuerdo muy bien las horas del baño, los equipos que formábamos de los chicos contra las chicas, o los mayores contra los pequeños para jugar con la pelota dentro del agua, las risas, los tragos de agua, los empujones que suavemente o como sino hiciera nada te daba uno u otra estuvieras en bañador o completamente vestida y como al terminar el baño se formaba una barrera humana de enanos alrededor de la mesa del aperitivo y no había manera de acercarse a ella.

-“yo he cogido un cacao” decía un hermano.

- !“Menuda suerte tienes! Yo he visto un patee, pero solo de lejos... Comen como limas.”

Luego venían las comidas en la mesa grande de la cocina con todos nosotros como lacayos tiesos detrás de las sillas de los niños cortando carne en pedacitos pequeños, dando alguna papilla o potitos,” haciendo el avioncito”, “abre la boquita”, esperando a que se durmiera el mas bebe y al fin poder sentarnos a comer. Para el café nos íbamos al salón en donde había dos sofás uno en frente del otro y algunos sillones y nos poníamos apasionadamente a discutir contrariando toda regla de Educación de política y religión. Y cuando estabas mas entusiasmada o habías conseguido poder decir algo notabas como uno de estos enanitos o enanitas empezaban a empujarte de un lado al otro para hacerse sitio entre medio de nuestros cuerpos y sin apenas darte cuenta el sofá “de a cuatro” ya se había convertido en uno de ocho y tenias piernas y cabezas de niños en los hombros, en la caras, por todas partes. ¡Que plaga!

Algunas veces tuvimos que lidiar con preguntas difíciles que hacen los niños: “Oye, ¿por qué mis papas no juegan nunca con nosotros y vosotros si?” “Pues hombre porque viene cansadito del trabajo y tiene que descansar”

O esta otra-“¿Por qué no eres tú mi mama? ¡Pues por que tu mama es mas guapa que yo, solo faltaría eso! Había que ser torero o torera para lidiar toros así.

Y pensamos que la situación cambiaria cuando crecieran pero no cambio. Se hicieron jóvenes y universitarios y también se convirtieron en pájaros nocturnos pero entonces si se te ocurría levantarte una mañana del Domingo prontito para tomarte una tacita de café gozando de silencio y quietud te podías encontrar con que al regresar a la habitación se te había colado uno de ellos en la cama entrando discretamente por la puerta de la cocina y así evitar las consabidas “¡Que horas de venir, ¡ No volverás a salir!” etc. que no eran mas que muletillas repetidas a las que no hacían ni pizca de caso.

Y si pensábamos que ese día a la hora de comer seriamos menos por que uno u otra se habían ido a la playa o a doscientos kilometros de distancia nos equivocábamos. Justo en el momento de sacar los platitos del apero sonaban las vespinos o las motos y medios muertos y groguis allí estaban. “Le he dicho a las amigas que ni por un millón me pierdo a mi familia”. ¡A que es bonito y te rompe el corazón ¿verdad?!

Hasta las cenitas de los viernes se nos terminaron al grupito de los once hermanos que formábamos conmigo. Teníamos que estar localizados y vaya que lo estábamos

“! Mira quien entra por la puerta del restaurante, tu hijo!

Sonrisa y besos. “Por favor, al camarero, ¿puede poner otro cubierto? Y al ratito, ¿por favor puede añadir otro para la niña que llega?,…y un poco mas tarde…” ¿Nos puede añadir una mesa mas?”. ¡Que amable. Gracias. ¡

Se que estos tiempos existieron por varias cosas. Las frases lapidarias de mi cuñado y hermano mayor que no he olvidado. En el chalet, las de mi cuñado “Herodes, Herodes, ¿por que no vendrá Herodes?” Y la de mi hermano con su mirada resignada hacia las puertas de los restaurantes esos viernes por la noche: “No nos libraremos nunca de ellos…nunca”.

Y es verdad, algunos de esos crios y crias ya repiten la historia y nos han dado hasta el momento el maravilloso regalo de siete maravillas de niños que de monstruitos como ellos, nada de nada. Estos pequeñajos de ahora nos llenan el corazón de felicidad tanto como nos los llenaron ellos aquellos años y siempre y por eso sabemos que el milagro de la Navidad se vuelve a repetir cada vez porque no es más que el milagro de la Vida y el Amor.

6 dic 2008

Los Hipopótamos


En el lago de Malawi viven unas variedades de peces únicos en el mundo. Los he visto en los Museos de Ciencias Naturales de Madrid y Londres y en el Acuario de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

Por eso es bastante corriente al viajar desde Malawi a Europa el ver personas con bolsas de plástico llenas de agua en la mano y transportando dentro de ellas los pececitos multicolores destinados a los acuarios particulares.

El lago de Malawi tiene una fauna muy importante y en ella conviven toda clase de aves acuáticas y muchas variantes de pescados, entre los que destacan el chambo un pez parecido en su forma a la trucha y con un gusto delicioso y suave al paladar parecido a la lubina. Durante mis días de vacaciones en el lago es lo unico que como puesto que los pescadores esperan ya a la salida del Sol a la puerta del bungalow con la pesca reciente de la noche.

Todos los poblados que bordean el lago se alimentan de la pesca y en época de vacaciones los pescadores recorren la playa y venden el pescado a los que ocupamos las casas vecinas.

El lago permanece completamente vacío de gente durante las mañanas y puedes estar dentro del agua bañandote sin ver absolutamente a nadie hasta donde la vista puede abarcar. Sin embargo por la tarde la playa se llena de gente. Los pescadores preparan sus redes para salir al anochecer en sus barcas hechas de troncos de árboles hacia el interior del lago. Desde el montículo de la casa se divisan decenas de luces brillando a lo lejos en la oscuridad que irradian las lámparas de petróleo que los pescadores llevan consigo.

Siempre he encontrado muy relajante y vivificador estas escenas bucólicas del atardecer de gente sentada tranquilamente en la playa remendando o desenredando sus redes y viviendo sin prisa alguna al ritmo de la Naturaleza.

A la derecha de nuestra playa y a poco menos de un kilómetro hay una bahía en la que en la época de mucho calor esta habitada por hipopótamos. Algunas veces hay hasta un centenar y sentada desde la orilla se les ve muy bien retozar en el agua en familias y escuchar los sonidos tan peculiares que emiten.

El hipopótamo no es peligroso en si porque no va a salir del agua con intención de atacar a nadie. Es distinto si tropiezas de bruces contra el o ella y sobre todo si cerca se encuentra una de sus crías porque en ese momento si piensa que lo atacan y embiste y abre sus potentes mandíbulas para agarrar a la presa.

En el lago hay hipopótamos que suelen salir de paseo todos los días . He observado que alguno en solitario o en parejas van desde su bahía hasta unos tres o cuatro kilómetros de distancia nadando paralelos a la orilla y regresando por la tarde. Así que antes de mi baño de mediodía me preparo en posición vigía a observar el agua puesto que el hipopótamo sale cada cuatro minutos a respirar y enseña sus grandes hocicos. Otro punto de referencia son alguna especie de aves que conviven con ellos y a las que les gusta posarse sobre sus espaldas y alimentarse de los parásitos de su piel. Yo respeto el momento en que va a pasar por mi territorio de agua y cuando lo veo alejarse es el turno para bañarme yo.

Recuerdo muy bien un día que estaba dentro del agua con una amiga antes de las doce del mediodía y que como es habitual por las mañanas no se veía una sola alma por ninguna parte. El lago era nuestro. Estuvimos casi una hora nadando y disfrutando de un agua transparente y llena de pececillos cuando al salir y muy cerca de la orilla note un temblor de tierra y mirando hacia mi derecha para ver que estaba sucediendo vi una inmensa mole tan grande como un coche levantarse con sus cortas patas e iniciar su marcha hacia el interior del agua. Creo que me quede sin respiración y desde luego no hice ningún movimiento. El hipopótamo paso a diez metros de mi Cuando pude hablar le dije a mi amiga:” No lo hemos visto venir por el agua y no es posible que haya estado un buen rato ahí esperando a que termináramos el baño para entrar el. ¡Si lo pienso me desmayo!” A lo que mi amiga respondió con mucha calma “pues no lo pienses y no hay desmayo”

¿Quien me iba a decir a mí que los hipopótamos de dos o tres toneladas de grande no son corteses y educados? Tal vez fue un gesto de galantería, o tal vez. el también tuvo miedo como yo de encontrarse cara a cara conmigo. ¡Quien sabe!

Vivir para ver y admirarse.

1 oct 2008

Tengo una hija



…en África. Y no se si esta viva o no, cuantos hijos tiene o donde se encuentra ahora. Por su edad ya debe de haberse casado hace algunos años. ¿Vivirá en Malawi o habrá emigrado a otro país a trabajar con su marido y familia? No se como es su rostro de mujer, ni si hizo algunos estudios o se quedo en su pueblo y no ha salido de el porque también desconozco el nombre del pueblo en donde nació... No se nada de ella. Pero la recuerdo muchas veces.

Hace ya casi treinta años que la tuve en mis brazos, una noche en que me la entregaron cuando una furgoneta paró enfrente del hospital de Nkamenya llevando sobre un jergón a una mujer muy joven de la que apenas pude ver el rostro pero del que aun retengo con viveza el color de su vestido, era azul y sobre el varios paños de algodón, chitenjes, típicos de Malawi que la cubrían para evitarle el frío de la noche. Había dado a luz en el pueblo a una niña preciosa. Los niños africanos nacen con el color de la piel muy blanca, rosada y al cabo de dos o tres días se oscurecen. La mujer estaba muy enferma, por lo que me pareció ver entre la oscuridad y la luz de un candil sufría de una infección puerperal y además estaba toda amarilla por lo que hice que la furgoneta continuara camino hacia el hospital del distrito a unas dos o tres horas de Nkamenya en donde había un doctor y podrían también examinarla en un quirófano si era necesario. Su madre y otros familiares estaban sentados en la furgoneta alrededor de ella y cuando el coche partió allí me quede yo con la niña en mis brazos.

La miré y vi que era muy guapa, tenía unas pestañas muy largas, dormía apaciblemente y la metí en un pequeño cuarto que habíamos habilitado para los prematuros. El carpintero me había hecho unas cajas de madera con patas altas y debajo de los colchoncitos cambiábamos constantemente las bolsas de agua caliente para mantener a los bebes lo mejor posible porque no teníamos electricidad y no podíamos disponer de bombillas grandes que irradiaran calor y menos que nada de incubadoras. Ese cuarto siempre estaba lleno con unos 7 u 8 prematuros. Las madres entraban cada tres horas a exprimirse la leche y yo les ponía a los niños un tubo naso gástrico por el que les alimentábamos utilizando una jeringuilla grande. De esta manera les evitábamos el esfuerzo de amamantarse y cada semana los pesábamos para controlar su peso. Cuando llegaban a los dos Kg. y medio se les terminaba la estancia en el hospital. Por lo general permanecían en el una media de dos o tres meses y gracias a esos cuidados tan simples sobrevivían. Las madres muy jóvenes, formaban el equipo de baloncesto que yo había organizado y que se enfrentaba contra el nuestro de enfermeras y limpiadoras todas las tardes al cierre del dispensario al público. Esperábamos ese momento con alegría

.

Las enfermeras decidieron llamar a la niña Jane y yo me hice cargo de ella puesto que me la habían confiado a mí hasta que la madre se repusiera o si por desgracia moría la abuela volviera a buscarla. De momento era mía. Así que aunque no era prematura paso a formar parte del grupo de los prematuros como yo pase también de responsable del hospital al grupo de las madres que cada tres horas entraba para darle los biberones de leche en polvo para recién nacido a la niña. Fue a los pocos días que Jane enfermó, se puso amarilla con una ictericia fisiológica, su hígado no trabajaba y empezó a devolver, a tener diarrea y a quedarse en los huesos y la piel. Yo pensaba mucho en su madre y lo horrible que seria decirle que la niña había muerto, además del cariño que la niña ya me inspiraba y probé a mantenerla viva con todas las combinaciones posibles de concentraciones de glucosa, agua de arroz y antibióticos. La niña estaba malísima. Recuerdo que por las noches y a la luz de una vela estudie todos lo síntomas y todos los tratamientos posibles para esos casos y media al mililitro lo que le daba. Necesitaba cuidados veinticuatro horas al día y se me ocurrió pedir en mi casa que me dejaran tener a la niña por las noches algo que hizo abrir los ojos hasta casi salírsele de las orbitas a una hermana holandesa muy buena pero muy seria que pensó yo estaba algo o muy loca. Aquello era anticultural, además de que en la casa vivíamos siete personas que trabajaban todos los días de sol a sol en la misión y necesitaban dormir por la noche. Así que me arregle para cruzar al hospital antes de acostarme muy tarde y otra vez antes de que amaneciera. Una toma del medio se la encargue a la enfermera que hacia la guardia. Pase así unas tres semanas en las que empecé a deambular medio dormida durante el resto del día. Jane estaba casi cadavérica y yo ya no encontraba lugar en su cuerpecillo en donde pincharle pero salió de aquello y se repuso. Parecía que aquella cosita pequeña quería vivir y vivió, engordo y recobro un peso normal y volvió a ser muy guapa.

Pasaron dos o tres meses sin saber poco más sino que la madre vivía y seguía en el hospital hasta que un día apareció a la puerta del nuestro la abuela que venia en busca de Jane. Y yo se la entregué con una sonrisa que ocultaba mi dolor de perdida mientras ella miraba a la niña embelesada y sin dejar que mis sentimientos se translucieran mucho o nada me fui con el corazón partido a la casa para que no me vieran llorar.

Y nunca supe más. Habían pasado 12 años cuando un día a la puerta del hospital de Kasungu una mujer que me había reconocido se me acercó llevando en la mano una niña. Me dijo si me acordaba de ella y le dije que me perdonara pero como veía tanta gente diariamente pues la verdad era que no. Y entonces acercó mas la niña hacia mi y me dijo “Es Jane, tu hija”. Yo estaba mas que sorprendida y la niña aunque me miraba tímidamente estaba claro que sabia quien era yo. La besé sin asustarla y la madre me dijo que vivían en un pueblo de los alrededores de Kasungu y que Jane iba a la Escuela. Les dije lo que me alegraba mucho de verlas a las dos, miré muchas veces a la niña, nos despedimos y ya no le he vuelto a ver mas.

A pesar de tantos años transcurridos con tantos enfermos y tantos niños que he tenido en mis brazos para cuidarlos aun recuerdo a Jane como a mi hija y como un honor y un regalo que África me concedió para que aprendiera a amar a este continente y a sus gente mas.

17 dic 2007

Mirar sin Ver

Dice mi hermano que un día su cuñado un doctor en Medicina esperaba a su mujer y a sus hijos a la puerta de una Iglesia. Habían ido a atender la misa dominical. El es un hombre de buena planta , pelo ondulado e iba vestido de sport con una chaqueta bonita de pana, zapatos a juego y se encontraba a la puerta de la Iglesia esperando unos minutos después de haber aparcado el coche. La Misa terminó, la gente empezó a salir y entre los primeros un señor de unos 70 años que al pasar a su lado le agarró por la manga de la chaqueta y le dijo con un tono manda torio: "Tome, tome " . Nuestro amigo abrió la mano porque no sabía a que se refería y el susodicho señor le depositó una limosna de un par de euros en la mano. Siguió adelante y no puedo darle ni las gracias. !!! Cuando su mujer e hijos salieron él les explicó que acababa de recibir una moneda pero no de las que ella excavaba en sus búsquedas arqueologicas!!

Una vecina nuestra nos contó este invierno que al salir del Banco una mañana dio un resbalón y se pegó contra la puerta del Banco y se hizo mucho daño en el brazo y en el hombro. Parece que se mareo un poco y que al ver salir a un señor detrás de ella le dijo: " Por favor, ayudeme, ayudeme!" . A lo que el flamante caballero le contesto: " lo siento, pero no llevo nada suelto" !!.
No hace falta decir que esta señora iba como el otro de nuestros amigos muy bien vestida porque aunque hubiera ido mas sencilla lo que denota la comicidad de las dos situaciones es que la gente pasamos por la vida sin VER a los que nos rodean y tal vez en muchos casos incluso sin mirar más allá de lo que nos da la largura de nuestras narices.
Hacemos las cosas mecánicamente sin preocuparnos de la persona que tenemos delante para nada y cada vez nos volvemos mas insolidarios con los que tenemos alrededor nuestro cuando tal vez pertenecemos a múltiples ONG u obras de caridad y pagamos mensualmente cuotas para ayudar a gente que no conocemos al otro lado del mundo. Tal vez lo hacemos por eso, porque no están cerca de nosotros y nos molestan.
Menos mal que estos son casos cómicos no muy generalizados y que por eso van un poco como chiste y moraleja. !Que no nos caigamos a la puerta de un Banco!!.