. Está diseñado para transformar la “alta mar” y el lecho marino internacional en un entorno sostenible
· Un hito en la protección de ecosistemas oceánicos tras dos décadas de iniciativas
Se ha tardado más de 20 años en que se hiciera realidad. Veinte años donde un movimiento global de pueblos indígenas, de activistas, científicos, pescadores, abogados, músicos, políticos, artistas, ecologistas y muchas personas amantes del mar, de los océanos y de la biodiversidad que los puebla, se propusieran un objetivo común. El 17 de enero se hizo realidad ese anhelo que ha llevado más de cuatro años de conversaciones formales para llegar a la meta. Se trata de un tratado diseñado para transformar la “alta mar” y el lecho marino internacional en un entorno que se gestione de manera sostenible en beneficio de toda la humanidad.
Para la organización ambientalista internacional Greenpeace, la entrada en
vigor del tratado significa que “la relación de la humanidad con lo que cubre
dos tercios de nuestro planeta cambiará profundamente”.
Que también añade que los océanos “proporcionan alimento, energía y sustento a miles de millones de personas, albergan alrededor de un cuarto de millón de especies marinas conocidas por los humanos, y quizás el doble de esa cantidad aún está por descubrir”.
Tras la entrada en vigor, el tratado pasa a ser jurídicamente vinculante para los 81 países que lo han ratificado hasta ahora, lo que significa que aceptan incorporarlo a su legislación nacional.
España fue el primer país europeo que ratificó el Tratado
Muchas economías importantes lo han ratificado, en particular China, Alemania, Japón, Francia y Brasil.

