21 sept. 2011

Las vendedoras de arena


Cuando se ha vivido en África muchos años parece que ya se han visto y oído muchas cosas que jamas las oiríamos o veríamos en el mundo occidental en que vivimos.

Pero no es así. Acabo de enterarme que en el país de Níger las mujeres trabajan para vender arena.
Y con ese trabajo ayudan a sus familias.! Parece increíble!

Salimata , una mujer de 25 años y que aparenta tener muchos mas envejecida por el trabajo, lleva tres años como vendedora de arena en Niamey, la capital de Níger. Y ademas acepta agradecida que gracias a este trabajo pudo salir del infierno en el que había caído. Su familia la expulso cuando se quedo embarazada y tuvo que abandonar la escuela y el pueblo en que vivía. Llego a la ciudad sin conocer a nadie y para sobrevivir recurrió a la mendicidad y a la prostitución, sufrió malos tratos y abusos hasta que encontró ayuda. Pudo unirse a un grupo de mujeres que vendían arena por su cuenta y sin intermediarios. Un negocio que no necesita de micro proyectos, ni de financiación alguna excepto la propia fuerza física y una gran entereza moral de querer vivir sin mendigar y sin ser tratada como un objeto por los hombres. Eso le ayuda a recuperar su dignidad. Cuando llega la noche esta agotada y en mil pedazos y apenas puede quedarse dormida pero el 1,5 Euros que gana diariamente le permiten que su hija este en un Centro de acogida y subvencionar sus necesidades que son mínimas.

Como ella hay otras 200 mujeres en su grupo de todas las edades. Se instalan allí donde pueden encontrar arena fácil de coger, al borde de los campos de cultivo, en el lecho de los ríos o en canteras abandonadas. Tienen que separar la arena de las piedras que puedan tener y lo hacen sentadas, al lado de los montones de arena que han ido formando, piernas extendidas y cedazo en mano, envueltas en nubes de polvo. Tamizan sin parar. Arruinan su salud con el polvo que tragan y el gran esfuerzo que hacen para transportarla a la ciudad. La cargan en dos recipientes que cuelgan de una vara de madera que llevan sobre los hombros y hacen esos viajes varias veces al día. Allí la venden a albañiles que realizan pequeños trabajos de reparación, o para el suelo de los patios. Por 20 kilos de arena reciben algo mas de 0,50 Euro. Los grandes negociantes con camiones no las molestan porque no representan un peligro para sus negocios y porque en cierta manera admiran su coraje.

Solemos decir que todo en la vida tiene un precio, lo que voy aprendiendo cada día es que hasta lo mas impensable, en este caso la tierra que a veces pisamos y que nos ensucia los zapatos, puede ser vendida en kilos para poder sobrevivir.