25 jul. 2008

vacaciones


Las vacaciones son en general siempre esperadas con gran ilusión por todos. Es el tiempo con el que soñamos cambiar el ritmo de nuestras vidas. Dejar de levantarse a la misma hora, correr de un sitio a otro o llegar a casa cansados para empezar de nuevo al día siguiente.

Las vacaciones son o debían de ser toda una regeneración para nuestro organismo, un encuentro con las cosas esenciales y que olvidamos a veces por falta de tiempo y de ocasión. Son un momento que creo puede ayudarnos a tomar contacto de nuevo con dos cosas imprescidibles para nuestras vidas: la Naturaleza y los otros. El simple hecho de pasear por el campo o la montaña sin prisa alguna que dejar que el viento nos acaricie la piel de los brazos, del rostro, de las piernas mientras miramos a los árboles, los pájaros o el paisaje delante de nosotros ya es no solo una terapia de sol, aire, vitaminas, sino que nos dinamiza y nos serena llenándonos de una paz que invade todo nuestro ser.

En la playa y sentados sobre la arena la terapia es igual de buena. Esa sensación tan extraordinaria de la arena que dejamos una y otra vez discurrir entre los dedos como una necesidad imperiosa de tomar contacto con nuestra madre la tierra. Y ¿qué decir del cambio del color que experimentan nuestros ojos? Unas veces se hacen mas verdes, o toman distintas tonalidades de azules o se hacen mas negros segun contemplamos el agua del Mar que tenemos enfrente de nosotros durante horas y horas.

El contacto con la Naturaleza nos recuerda de pronto que es un regalo maravilloso que tenemos para que nosotros vivamos y nos recreemos en ella o, que esta ahí velando por nosotros cada día aunque las ciudades abarrotadas de gente nos la hagan olvidar la mayor parte del año. Por eso entrar en contacto de nuevo con ella es volver a nuestras raíces de barro, tierra, agua, viento, fuego y colores, muchos colores. Gozándome de ella en medio de la frescura de sus aguas que absorbe mi piel o respirando los mil aromas del bosque y el campo siento la necesidad de protegerla, de tratarla bien, de cuidarla lo mismo que ella hace conmigo. ¿Que pasaría con mi vida si un día no pudiera volver a ella?

Y ¿los otros? Esos amigos y amigas a los que no tenemos tiempo de llamar nunca, ni de salir a tomar un café, ver una película juntos, as, sentarse en una cafetería para ponerse al día desde la ultima vez que nos vimos, ¿hace ya cuanto tiempo? Esas amistades que significaron tanto en un momento de nuestras vidas pero a las que hemos dejado poco a poco aparcadas porque la vida nos lleva por otros caminos, otros ambientes pero que siempre han estado ahí al alcance de la mano.

Y luego cuando hacemos el esfuerzo de encontrar un rato, de marcar el teléfono y hasta de quedar y encontrarnos para compartir amistad y un rato agradable hasta el año que viene, que buena sensación de bienestar nos deja y que alegría el decirle a los amigos de siempre que vimos a fulana o zutano y que de verdad nos alegramos mucho y además que nos dimos cuenta de que no había pasado el tiempo, que seguimos queriéndonos. . Y aunque digamos que hemos de vernos mas a menudo y no dejarlo tanto tiempo para la próxima vez, no importa que no se cumpla. Un buen rato de renovación de la amistad vale como un recuerdo precioso que perdurara todo el año como parte de las vacaciones de ese año.

Y así si que ya habremos cumplido dos objetivos importantes de las vacaciones: ser más felices.

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