12 sept. 2008

Mis vacaciones


Me escribe mi amigo Pedro desde Valencia y me dice que ha rebuscado en mi blog y lo que he escrito le ha gustado pero que le gustaría mas saber sobre mi vida aquí en Argel.

Pues la verdad es que no hay mucho que contar. Este año no he podido cogerme ningunos días de descanso y no puedo hablar de paseos por la playa o la montaña o algún viajecito que otro. Nos hemos quedado solas Marcela y yo y como Manos Unidas nos aprobó un proyecto para la Biblioteca hemos aprovechado el mes de Julio y Agosto para que vinieran a pintarla por el exterior y hacer algunos trabajos de reparaciones de estanterías, electricidad y puertas que no cerraban.

Para la pintura vinieron Mohamed y Fatah. Mohamed era el jefe y Fatah hacia la pintura de “altura”. A Fatah le faltaban muchos dientes de alguna enfermedad de esas que no cogen nunca los ricos o los que pueden comer todos los días una dieta bien equilibrada y solo conocía su lengua, el árabe. Pero nos entendíamos bien, yo a base de algún grito que otro y el haciendo lo que quería. Los gritos surgieron una mañana que el miraba desde una ventana la altura de la fachada y de pronto intento salir al exterior. Lo agarre por el pantalón y no se me escapó. La casa tiene una altura de 12 a 14 metros y cuando lo pude sacar de allí nos reunimos con Mohamed y les dije en francés claro, que en el proyecto no había presupuesto para un entierro y que mejor dejábamos la altura por falta de fondos. Me escucharon con mucha atención y al día siguiente Fatah volvió con un cinturón grande de seguridad y me dijo: ”voila madame” y comenzó a trepar la escalera hacia las alturas antes de que yo pudiera reaccionar. La verdad es que no entendí la seguridad que le proporcionaba aquel cinturón que estuvo completamente olvidado en un rincón del patio hasta que se termino la pintura. Pero algo hizo. Fatah se marcho a finales de Agosto con un color de cara y brazos caribeño.

Mohamed tenia unos cuarenta y algo años y era un hombre de constitución fuerte y como Fatah estaba casado y con una hija. Al cabo de un par de semanas de trabajo llegó a la casa como todos los días y al abrirle la puerta y saludarme me puso un papel pequeño en mi mano que mire extrañada y sin saber que significaba. Levante la cabeza para mirarle y sin previo aviso me dijo: “tengo 10 Kg. de más”. Yo le conteste que creí que estaba bien, pensé que incluso muy requetebién pero no lo dije por si acertaba en el significado y me pillaba. En fin que al cabo de unos cuatro días empecé a notar un ruidillo extraño al pasar a su lado y le dije” no veo, lo que veo”. Pero eso era, una bolsa grande negra de las de basura alrededor de todo su cuerpo y debajo de la camiseta de trabajo para así poder adelgazar. ¡Y lo consiguió! Perdió más de diez kilitos. Moraleja, para que pagar tanto dinero en baños de barros y dieta especiales. Una buena brocha y a pintar al sol y te quedas esbelta como una caña.

Con Fatiha, la señora que nos ayuda, hice limpiezas a fondo de esas de salir de polvo hasta las orejas y tirar trastos y mas trastos de una especie de cueva de ladrones que hay en la biblioteca y que ahora parece un cuarto de esos modernos de diseñador, y también acepte ayudar a dos estudiantes de final de Carrera de Ingeniería con la traducción del ingles de algunos de los artículos que presentaban en sus tesis o licenciaturas. El de Hanna trataba de cómo minimizar los costos de una empresa y evitar la perdida de materiales utilizando un estudio que se llama

“de mochila” y que con formulas matemáticas y logaritmos te resuelve como introducir objetos de todos los tamaños en cualquier espacio ocupándolo hasta el máximo de sus capacidades. Hanna trabajo bien y su tesis iba progresando cuando me di cuenta de que además del ingles me empezaba a filtrar artículos en portugués e italiano. ¡Con tal de que no fueran en chino o árabe íbamos a resolver todas las mochilas que nos echaran!!

Mohamed, porque aquí casi todo el mundo se llama Mohamed trabajaba sobre el uso de un sistema informático que ayuda a las empresas electrónicas a medir la flexibilidad y capacidad de sus cadenas de producción.

Enseguida me di cuenta de que Mohamed trabajaba poco y hacia el vagoneta. El día que vino a presentarme el resumen, su trabajo no podía cogerse por ninguna parte. Al llegar a un párrafo como este :” la conclusión de este trabajo demuestra que lo que esta hecho no enseña lo que no esta hecho , por lo que lo hecho…” estalle en carcajadas y cuando terminamos de reírnos los dos, le pedí con la mismísima sonrisa que empezara de nuevo seriamente lo que hizo sin chistar. Vamos, que a mi no me fastidiaba lo que me había costado comprender el sistema de análisis para las empresas electrónicas. Y menos mal que el del trabajo sobre el satélite Galileo de Físicas no pudo venir sino menudo curso de verano me tiro. Ni en la Universidad de Comillas aprendo tanto.

¿Que me ha sucedido este verano, Pedro? Pues conocer un poco a estas cinco personas de las que te hablo y me ha valido mucho la pena. Con ellos lo he pasado muy bien.

Del calor mejor no hablamos.

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