18 oct. 2014

Brújula que buscan sonrisas perdidas



Acabo de terminar de leer una novela recomendada por una amiga y escrita por alguien que no conocía: Albert Espinosas.
Y me hacia tantos elogios que deje lo que estaba leyendo en esos momentos para leerla casi de un tirón en unos pocos días. Y la verdad es que no me ha defraudado. Es original y llena de valores humanos, lo que a veces es muy raro de encontrar.

Me ha llamado la atención que las verdaderas protagonistas de la novela sean dos mujeres y que ya no estén vivas pero que existen mas que los otros personajes porque son ellas quienes los hacen vivir y dan sentido a sus vidas. Todo son referencias y recuerdos de lo que fueron, los quisieron y el legado que les dejaron para poder afrontar la edad adulta y el presente de cada día.

El “circulo de confianza” que le propone la mujer del relator de la historia sustituye al enamoramiento romántico y la pasión que se puede vivir con ello para crear una relación tan fuerte que transforme a dos personas en una sola. La definición de en que se basa este circulo es preciosa y podría ser modelo para cualquier relación de amistad, familiar y humana en el que el otro es parte de ti mismo, de ti misma. Algo muy difícil de conseguir en los tiempos presentes pero no imposible. ¿ Quien es capaz de confiar en el otro de una manera total y permanente? “Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro.”

La brújula que busca las sonrisas perdidas es la esperanza de que la vida siempre supera a la muerte y se puede seguir viviendo, amando y esperando en todo lo que ella nos ofrece cada día. Las sonrisas que se esconden en los puños de una mano, una delicia.

Pero la novela no deja de tener su moraleja y su parte agridulce.
El motivo por el que un padre retiene a sus hijos unas horas para que no vean el dolor de una madre a la que adoran sumida en el sufrimiento agónico destruye la relación de unos hermanos para siempre y los sume en la rabia y la desconfianza total. Esa es la paradoja de la novela. Esa carencia que vivirán y hará que cada uno lleve vidas separadas y desconectadas de los otros no suple la intención primaria de evitarles un dolor. Unas horas que se pagan con años llenos de odio.

No poseemos a nadie, nadie nos posee totalmente a nosotros, nadie es para siempre y todos nos marchamos antes o después de la vida de los que amamos. No aceptar estas dos realidades pueden sumir a las personas en una creencia de que sin ellas ya no hay nada bueno y valido y con esa certeza negar y apagar el amor de los que aun siguen vivos, a nuestro alrededor y nos quieren.

Por eso pienso que en cualquier caso o por lo menos salvo algunas excepciones, la realidad por dura que pueda ser , en este caso un sufrimiento visualizado tiene poderes de sanación para quienes lo comparten y lo viven juntos mientras que el ocultarlo y no ceñirse en la verdad siempre tendrá un precio que pagar y rompiendo en el  caso de esta historia  relaciones tan importantes como son las de la infancia y las de la sangre.
De todos modos una novela bonita.

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