14 abr 2020
La pascua en un prolongado viernes santo
¿Cómo celebrar la pascua, la victoria de la vida sobre la muerte, y más aún, la irrupción del ser humano nuevo, en el contexto de un viernes santo de pasión, dolor y muerte, que no sabemos cuándo termina, bajo el ataque del coronavirus sin distinción a toda la humanidad?
Apesadumbrados, incluso en esta pandemia es apropiado celebrar la pascua con una reservada alegría. No es sólo una fiesta cristiana, responde a una de las más antiguas utopías humanas: la irrupción del ser humano nuevo.
En todas las culturas conocidas, desde la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés, pasando por el mito griego de Pandora, hasta la utopía de la Tierra sin Males de los Tupí-Guaraní, existe la percepción de que el ser humano tal como lo conocemos debe ser superado. No está listo. Aún no ha acabado de nacer. El verdadero ser humano está latente en los dinamismos de la cosmogénesis y la antropogénesis. Aparece como un proyecto infinito, portador de innumerables potencialidades que forcejean por irrumpir. Intuye que sólo será plenamente ser humano, el ser humano nuevo, entonces, cuando tales potencialidades se realicen plenamente.
Todos sus esfuerzos, por grandes que sean, se topan con una barrera insuperable: la muerte. Incluso la persona más vieja, llegará un día en que también morirá. Alcanzar una inmortalidad biológica, conservando las actuales condiciones espacio-temporales, como algunos proponen, sería un verdadero infierno: buscar realizar el infinito dentro de sí y encontrar sólo finitos que nunca lo sacian. Siempre está a la espera. Tal vez el espíritu mataría al cuerpo para realizar lo infinito de su deseo.
Pero he aquí que un ser humano se levanta en Galilea, Jesús de Nazaret, y proclama: “El tiempo de espera ha terminado. Se acerca el nuevo orden que va a ser introducido por Dios. Revolucionad vuestra forma de pensar y de actuar. Creed esta buena noticia” (cf. Mc 1,15; Mt 4,17).
Conocemos la trágica saga del profético Predicador: “Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11). Él, que “pasó por el mundo haciendo el bien” (Hch 10,39) fue rechazado, y terminó clavado en la cruz.
Pero he aquí que tres días después, las mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro y oyeron una voz: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Jesús no está aquí. Ha resucitado” (Lc 24,5; Mc 16,6).
Este es el hecho nuevo y siempre esperado: la buena noticia se ha hecho realidad. De un muerto surgió un resucitado, un ser nuevo. Este es el significado de la Pascua, la fiesta central del cristianismo. Sus seguidores pronto entendieron que el Resucitado era la realización del sueño ancestral de la humanidad: la espera ha terminado. Ahora es el tiempo de la vida plena sin muerte. Liberado del espacio y del tiempo y de los condicionamientos humanos, el Resucitado aparece, desaparece, se hace presente con los caminantes de Emaús, se presenta en la playa y come con los apóstoles y se le reconoce al partir el pan.
Los Apóstoles no saben cómo definirlo. San Pablo, el mayor genio del pensamiento cristiano, eligió la palabra correcta: “Él es el novísimo Adán” (1Cor 15,45). Un Adán no sometido ya a la muerte, el que dejó atrás al viejo Adán mortal.
Como si se burlara, provoca San Pablo: “Oh, muerte, ¿dónde está tu victoria? ¿Dónde está el aguijón con el que asustabas a los humanos? La muerte ha sido tragada por la victoria de Cristo” (1Cor 15,55). Y lo define como “un cuerpo espiritual” (1Cor 15,44), es decir, es concreto y reconocible como cuerpo humano, pero de una manera diferente, con las cualidades del espíritu. El espíritu tiene una dimensión cósmica. Está en el cuerpo, pero también en las estrellas más distantes y en el corazón de Dios. Lo espiritual también se entiende como la forma de ser propia del Espíritu Santo. Está en todo, mueve todas las cosas y llena el universo.
Un antiguo texto, de los años 50, del Evangelio de Santo Tomás dice bellamente: “Levanta la piedra y estoy debajo de ella; parte la leña y estoy dentro de ella, porque estaré con vosotros todos los días hasta la plenitud de los tiempos”. Levantar una piedra requiere fuerza, cortar leña requiere esfuerzo. Incluso ahí, está el Resucitado, en las cosas más cotidianas.
En sus epístolas, especialmente a los Efesios y a los Colosenses, San Pablo desarrolla una verdadera cristología cósmica. Él “es todo en todas las cosas” (Col 3,12); “la cabeza de todas las cosas” (Ef 1,10). En el lenguaje de la cosmología moderna, el paleontólogo y pensador Pierre Teilhard de Chardin dirá lo mismo en el siglo XX.
Tenemos que entender la resurrección correctamente. No es la reanimación de un cadáver, como el de Lázaro que volvió a ser lo que era antes y terminó muriendo. La resurrección es la plena realización de todas las potencialidades escondidas dentro de la realidad humana. La muerte ya no ejerce dominio sobre él. Es efectivamente el nacimiento terminal del ser humano, como si hubiera llegado a la culminación del proceso evolutivo o lo hubiera anticipado. En la fuerte expresión de Teilhard de Chardin, el Resucitado explosionó e implosionó en Dios.
La pascua es la inauguración del ser humano nuevo, plenamente realizado. Es aplicable para todos los seres humanos. Por lo tanto, tal bendito evento no es exclusivo de Jesús. San Pablo nos asegura que participamos de esta resurrección: “Él es la primicia (la anticipación) de los que mueren” (1Cor 5,20), “el primero entre muchos hermanos y hermanas” (Rm 8,29).
A la luz de esta fiesta pascual podemos decir que la alternativa cristiana es ésta: la vida o la resurrección. Afirmamos y reafirmamos con alegría: no vivimos para morir, sino para resucitar.
2020-04-13
página de Leonardo Boff
30 mar 2020
21 ene 2020
Sobre la Esclavitud
La historia fue escrita por la mano blanca
2020-01-19
Una de las realidades más perversas de la historia humana ha sido el carácter milenario de la esclavitud. Ahí se muestra que también podemos ser no sólo sapiens, portadores de amor, empatía, respeto y devoción, sino también demens, odiadores, agresivos, crueles y sin piedad. Este lado sombrío nuestro parece dominar la escena social de nuestro tiempo y también de nuestro país.
La historia de la esclavitud se pierde en la oscuridad de la noche de los tiempos. Hay toda una literatura sobre la esclavitud, popularizada en Brasil por el periodista-historiador Laurentino Gomes en tres volúmenes (sólo el primero ha salido ya a la luz en 2019). Las fuentes históricas de personas esclavizadas son casi inexistentes, pues se las mantenía analfabetas. En Brasil, uno de los países más esclavócratas de la historia, las fuentes fueron quemadas por mandato del ingenuo “genio” Ruy Barbosa, en el afán de borrar las fuentes de nuestra vergüenza nacional. De ahí que nuestra historia haya sido escrita por la mano blanca, con tinta de sangre de las personas esclavizadas.
La palabra esclavo deriva de slavus en latín, nombre genérico para designar a los eslavos, habitantes de una región de los Balcanes, al sur de Rusia y a orillas del Mar Negro, gran abastecedora de personas esclavizadas para todo el Mediterráneo. Eran blancos, rubios, con ojos azules. Sólo los otomanos de Estambul importaron entre 1450-1700 cerca de 2,5 millones de esas personas blancas esclavizadas.
En nuestro tiempo las Américas fueron las grandes importadoras de personas de África que fueron esclavizadas. Entre 1500-1867 su número es espantoso: 12.521.337 hicieron la travesía transatlántica, 1.818.680 de las cuales murieron en el camino y fueron arrojadas al mar. Brasil fue campeón del esclavismo. Él solo importó, a partir de 1538, cerca de 4,9 millones de africanos que fueron esclavizados. De los 36 mil viajes transatlánticos, 14.910 se destinaron a los puertos brasileros.
Estas personas esclavizadas eran tratadas como mercancías, llamadas “piezas”. La primera cosa que el comprador hacía para “tenerlas bien domesticadas y disciplinadas” era castigarlas: “haya azotes, haya cadenas y grilletes”. Los historiadores de la clase dominante crearon la leyenda de que aquí la esclavitud fue blanda, cuando fue cruelísima.
Basta un ejemplo: el holandés Dierick Ruiters, que en 1618 pasó por Rio de Janeiro, relata: “un negro hambriento robó dos panes de azúcar. El amo, al saber eso, mandó amarrarlo de bruces a una tabla y ordenó que un negro le azotase con un látigo de cuero; su cuerpo quedó como una llaga abierta de la cabeza a los pies y los sitios por los que no pasó el látigo fueron lacerados a navajazos; terminado el castigo, otro negro derramó sobre sus heridas un pote de vinagre y sal… tuve que presenciar –relata el holandés– la transformación de un hombre en carne de buey salada; y como si eso no bastase, derramaron sobre sus heridas brea derretida; le dejaron una noche entera de rodillas, preso por el cuello a un bloque, como un mísero animal” (Gomes, Escravidão, p. 304). Con tales castigos la expectativa de vida de una persona esclavizada en 1872 era de 18,3 años.
El jesuita André João Antonil decía: “para el esclavo son necesarias tres pes, a saber: palo, pan y paño”. Palo para golpearlo, Pan para no dejarlo morir de hambre y Paño para esconderle sus vergüenzas.
Sería largo enumerar las estaciones de este viacrucis de horrores por el cual pasaron estas personas esclavizadas; son más numerosas que las del Hijo del hombre cuando fue torturado y levantado en el madero de la cruz, aunque había pasado entre nosotros “haciendo el bien y curando a los oprimidos” (Hech 10,39).
Es siempre actual el grito desgarrado de Castro Alves en Voces de África: “Oh Dios, ¿dónde estás que no respondes? ¿En qué mundo, en qué estrella tú te escondes/embozado en los cielos? Hace dos mil años te mandé mi grito / que en balde, desde entonces, recorre el infinito… / ¿Dónde estás, Señor Dios?”
Misteriosamente Dios calló como se calló en el campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, que hizo al Papa Benedicto XVI preguntarse: “¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué hizo silencio? ¿Cómo pudo permitir tanto mal? ”
Y pensar que fueron cristianos los principales esclavócratas. La fe no los ayudó a ver en esas personas “imágenes y semejanzas de Dios”, más aún, “hijos e hijas de Dios”, hermanas y hermanos nuestros. ¿Cómo fue posible la crueldad en los sótanos de tortura de los varios dictadores militares de Argentina, de Chile, de Uruguay, de El Salvador y de Brasil, que se decían cristianos y católicos?
Cuando la contradicción es demasiado grande y va más allá de cualquier racionalidad, simplemente callamos. Es el mysterium iniquitatis, el misterio de la iniquidad, al que hasta hoy ningún filósofo, teólogo o pensador le ha encontrado una respuesta. Cristo en la cruz también gritó y sintió “la muerte” de Dios. Incluso así, vale la apuesta de que todas las tinieblas juntas no consiguen apagar una lucecita que brilla en la noche. Es nuestra esperanza contra toda esperanza.
Página de Boff en Koinonía
10 dic 2019
Las Iglesias de la cuenca del Congo sensibilizan sobre la protección del medio ambiente
Las conferencias episcopales que reagrupa esta Red comprenden a los países de, Camerún, Gabón, República Centroafricana, República Democrática del Congo y la Guinea Ecuatorial. Fue creada en 2015 para favorecer la protección de este Cuenca que es el segundo pulmón del planeta después de la Amazonia. Para hacerse escuchar adoptaron tener “por defensa una vía de información correcta, sin acusación abusiva”, pero que también hiciera una sensibilización a la población “para que ella adopte un comportamiento responsable.
La Deforestación
Monseñor Sébastien Muyengo, Obispo de Uvira, es miembro de este grupo. Cuando fue entrevistado por el periódico Vatican News, él ha destacado la explotación abusiva de los bosques. “Últimamente, y durante nuestra reunión de Obispos en Kinshasa hemos visto vehículos enormes que transportaban madera. Todo esto se pasa delante de los ojos de las autoridades que evidentemente están implicadas en estos comercios. Y a este pillaje se suma el que se hace con la explotación minera en detrimento de las poblaciones locales que están abandonadas, sin caminos, escuelas y dispensarios y que asisten impotentes al pillaje de sus riquezas. “. Todo debido al cáncer de la corrupción.
El representante de África Central, Monseñor Richard Appora, obispo de Bambari denunciaba que su país se encontraba en la misma situación sobre los recursos del bosque y en una desigualdad grande en el repartimiento de las ganancias que esto trae consigo. El lo ilustro con un ejemplo nombrando a la diócesis de Mbaiki, en el sur de Centroáfrica. Según él esta región que posee una gran reserva de bosques sufre de una explotación siguiendo la lógica del provecho y el consumo inmediato mientras que en las escuelas los alumnos aún se sientan en el suelo.
Ahondando en el mismo sentido del tema Monseñor Portella Mbuyu, Obispo de Kinkala, en la Republica del Congo apuntaba también la falta de compromiso de los políticos en favor de la protección del medio ambiente. Existe ya un trabajo que se hace, pero un trabajo muy débil y tímido para concienciar a las poblaciones en nombre justamente del respeto a la creación. Un punto positivo es la pastoral que se hace a los niños y jóvenes en las escuelas en la que muestran el valor de los bosques y se comprometan a través de actividades sistemáticas a que estos niños y jóvenes realicen plantaciones de árboles.
Editado y Traducido de Jeune Africa
3 dic 2019
El calentamiento climatico en imagenes.
En el momento en que se está celebrando la COP en España es importante que no olvidemos lo que está sucediendo en Africa.
https://www.dw.com/fr/le-r%C3%A9chauffement-climatique-en-images/av-47147806
30 sept 2019
Todos a salvar nuestra Madre Tierra
Ya ha pasado el mes de septiembre y todos hemos podido ver a
través de los Medios de Comunicación las marchas en todos los continentes y
muchas ciudades del Mundo pidiendo medidas urgentes que palien los destrozos y
tragedias que están asolando nuestro planeta. Los jóvenes y pequeños se han
movilizado. Nadie les puede engañar ya.
Los líderes se reúnen y hasta ahora no se han visto que
lleguen a acuerdos importantes. El Tratado de Paris, el de Nueva York de este último
mes de septiembre.
La generación de jóvenes tiembla por su futuro. Todos somos
responsables de hacer lo mucho o poco que podamos, pero ya no podemos ignorar
este grito de la Tierra.
Tal vez si algún día vamos a una huelga general, paramos y
decimos Basta nos escuchen.
3 sept 2019
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

