27 ago. 2008

Las playas de Argel


Las playas de Argel son una fuente de ingresos para los jóvenes argelinos. Es muy posible que quien haya viajado mucho por el mundo ya haya encontrado esto mismo en otros países. Para mi es completamente nuevo. Recuerdo mis años de estudiante dando clases particulares de Matemáticas o Lengua a niños de primer o segundo curso de bachiller de aquella época y también mecanografiando sobres en una imprenta para mandar propaganda en su interior. Un año trabaje por las mañanas en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras y sin saberlo aquella experiencia me iba a servir para el trabajo que hago en la actualidad en la biblioteca de estudiantes de Argel.

Todo lo que se aprende en la vida por necesidad o hobby parece sernos muy útil en un momento u otro de nuestra vida.

Durante los años de estudios de Enfermería en Barcelona también trabajé combinando mis horas de clase y guardias en el hospital con trabajos muy diversos y variopintos. Recuerdo que tome parte en el censo que se realizo uno de esos años en España. Y que significaba registrar finca por finca y piso por piso de un número de calles asignadas. Entonces me entere lo que eran tener ampollas en los pies. Suplí a compañeras en clínicas particulares durante sus vacaciones, y conté durante unas encuestas todas las personas que entraban en el Corte Ingles a distintas horas del día. Y también los coches que circulaban por las Ramblas y se detenían en los semáforos hasta que creo que mi presencia se hizo sospechosa para algunas personas. No me extraña que los dependientes pensaran que era una ladrona joven normalmente vestida pero ciertamente ladrona acechando el momento de un descuido suyo para llevarme algún articulo. Me pagaron aquel trabajo muy bien pero me alegro que solo durara tres días o hubiera tenido a alguien sacándome los colores de la cara.

Un verano estuve en Inglaterra, en un hospital del Norte de Londres y como no sabia hablar ingles me pusieron a cargo de alimentar a los prematuros que yacían en sus incubadoras y algunos lloraban ya a rabiar. ¡Menuda orquesta! No debí de hacerlo muy mal porque al terminar el verano me llamaron al despacho de la Jefe del Hospital y alguien que sabia español me tradujo que si al terminar ese año mis estudios deseaba volver allí que podía firmar un contrato y que querían contratarme. Les di cortésmente las gracias porque entonces aun no estábamos en la época en que se necesitaban enfermeras en Inglaterra pero les dije que me iba a Malawi y que ya tenia trabajo en un hospital de misión. Aun así insistieron y me dijeron que si cambiaba de opinión tendría una plaza con ellos. Imposible de cambiar África me esperaba y yo iba hacia ella.

En Argelia, los alcaldes de los pueblos costeros o ciudades al borde del mar muy turístico, han dividido las playas en parcelas de unos 10 metros de largas y las han distribuido entre jóvenes que las alquilan por una cantidad fija al mes y que después se dedican a ganar dinero con ellas. La entrada a la playa es libre y no existe ninguna restricción a personas que llegan ya con sus sombrillas y sillas. No tienen que pagar nada. Pero estos jóvenes ofrecen las sillas, y las sombrillas por un precio módico y además se encargan de proteger a los bañistas de robos o posibles molestias y agresiones.

Estos grupos están formados por unos ocho o diez jóvenes que han tenido un cierto poder adquisitivo al comienzo de la temporada veraniega para alquilar el primer mes y después se manejan los siguientes con los ingresos y ganancias que se reparten por igual. Estos jóvenes son en su mayoría estudiantes y así ganando algo de dinero pueden afrontar el nuevo año de estudios y pasarse ellos todo el verano bronceándose, dándose bañitos para paliar el intenso calor y además cara al mar. No esta nada mal como fuente de ingresos y vacaciones para disfrutar. Curioso y creativo.

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