20 dic. 2008

La Navidad y los niños.



La Navidad siempre esta conectada con la palabra niños. Y si no los hubieran nos invita a la niñez con el deseo de hacerte niño o niña y dejar de ser por unos días adulta, seria o volverte mas vulnerable y dependiente de los demás.

Para mi esos recuerdos vienen de los años en que yo descubría África y un hermano y hermana se dedicaban a criar hijos por lo que en la primera y segunda de mis vacaciones en España ya teníamos nueve de ellos y nosotros los treinta y muy pocos años recién cumplidos.

Cuando más disfrutábamos eran los fines de semana en un chalet con todos ellos y los adoptados amiguitos y amiguitas de estos hasta alcanzar fácilmente una trouppe de mas quince niños. Recuerdo muy bien las horas del baño, los equipos que formábamos de los chicos contra las chicas, o los mayores contra los pequeños para jugar con la pelota dentro del agua, las risas, los tragos de agua, los empujones que suavemente o como sino hiciera nada te daba uno u otra estuvieras en bañador o completamente vestida y como al terminar el baño se formaba una barrera humana de enanos alrededor de la mesa del aperitivo y no había manera de acercarse a ella.

-“yo he cogido un cacao” decía un hermano.

- !“Menuda suerte tienes! Yo he visto un patee, pero solo de lejos... Comen como limas.”

Luego venían las comidas en la mesa grande de la cocina con todos nosotros como lacayos tiesos detrás de las sillas de los niños cortando carne en pedacitos pequeños, dando alguna papilla o potitos,” haciendo el avioncito”, “abre la boquita”, esperando a que se durmiera el mas bebe y al fin poder sentarnos a comer. Para el café nos íbamos al salón en donde había dos sofás uno en frente del otro y algunos sillones y nos poníamos apasionadamente a discutir contrariando toda regla de Educación de política y religión. Y cuando estabas mas entusiasmada o habías conseguido poder decir algo notabas como uno de estos enanitos o enanitas empezaban a empujarte de un lado al otro para hacerse sitio entre medio de nuestros cuerpos y sin apenas darte cuenta el sofá “de a cuatro” ya se había convertido en uno de ocho y tenias piernas y cabezas de niños en los hombros, en la caras, por todas partes. ¡Que plaga!

Algunas veces tuvimos que lidiar con preguntas difíciles que hacen los niños: “Oye, ¿por qué mis papas no juegan nunca con nosotros y vosotros si?” “Pues hombre porque viene cansadito del trabajo y tiene que descansar”

O esta otra-“¿Por qué no eres tú mi mama? ¡Pues por que tu mama es mas guapa que yo, solo faltaría eso! Había que ser torero o torera para lidiar toros así.

Y pensamos que la situación cambiaria cuando crecieran pero no cambio. Se hicieron jóvenes y universitarios y también se convirtieron en pájaros nocturnos pero entonces si se te ocurría levantarte una mañana del Domingo prontito para tomarte una tacita de café gozando de silencio y quietud te podías encontrar con que al regresar a la habitación se te había colado uno de ellos en la cama entrando discretamente por la puerta de la cocina y así evitar las consabidas “¡Que horas de venir, ¡ No volverás a salir!” etc. que no eran mas que muletillas repetidas a las que no hacían ni pizca de caso.

Y si pensábamos que ese día a la hora de comer seriamos menos por que uno u otra se habían ido a la playa o a doscientos kilometros de distancia nos equivocábamos. Justo en el momento de sacar los platitos del apero sonaban las vespinos o las motos y medios muertos y groguis allí estaban. “Le he dicho a las amigas que ni por un millón me pierdo a mi familia”. ¡A que es bonito y te rompe el corazón ¿verdad?!

Hasta las cenitas de los viernes se nos terminaron al grupito de los once hermanos que formábamos conmigo. Teníamos que estar localizados y vaya que lo estábamos

“! Mira quien entra por la puerta del restaurante, tu hijo!

Sonrisa y besos. “Por favor, al camarero, ¿puede poner otro cubierto? Y al ratito, ¿por favor puede añadir otro para la niña que llega?,…y un poco mas tarde…” ¿Nos puede añadir una mesa mas?”. ¡Que amable. Gracias. ¡

Se que estos tiempos existieron por varias cosas. Las frases lapidarias de mi cuñado y hermano mayor que no he olvidado. En el chalet, las de mi cuñado “Herodes, Herodes, ¿por que no vendrá Herodes?” Y la de mi hermano con su mirada resignada hacia las puertas de los restaurantes esos viernes por la noche: “No nos libraremos nunca de ellos…nunca”.

Y es verdad, algunos de esos crios y crias ya repiten la historia y nos han dado hasta el momento el maravilloso regalo de siete maravillas de niños que de monstruitos como ellos, nada de nada. Estos pequeñajos de ahora nos llenan el corazón de felicidad tanto como nos los llenaron ellos aquellos años y siempre y por eso sabemos que el milagro de la Navidad se vuelve a repetir cada vez porque no es más que el milagro de la Vida y el Amor.

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