14 ene. 2009

Viaje al Sur


He visto el silencio: Sebseb

Todo el valle del Mz’ab es una llanura rocosa surcada por tres ríos: el M’Zab, el Metlili y el Sebseb. Solo en las épocas grandes de lluvias el agua hace su aparición como este septiembre pasado en que Ghardaia sufrió inundaciones que destruyeron barrios enteros y produjeron victimas mortales. El agua siempre busca su lecho para regresar a el y nada puede detener su fuerza.

Como no pude ir a El Golea que se encuentra a 360 Km al sur de Ghardaia me quede sin ver el interminable desierto de arena del Sahara que se extiende a partir de allí.


Todos pensamos que el desierto es arena y dunas pero el desierto tiene muchos paisajes: en algunos lugares esta formado por montañas rocosas con piedras que se elevan unas sobre otras sin que se pueda apreciar nada de tierra que las una entre si y otras veces es una inmensa planicie pedregosa en las que solo algunas serpientes y animales bajo la tierra pueden sobrevivir. El desierto también esta formado de inmensas dunas de arena que se pierden hasta el infinito y que gustan de cambiar de lugar durante las noches; algunas veces suavemente grano a grano para no despertarte de tu sueño y otras en medio de vientos de arena que llegan al desierto al terminar el invierno.

En el desierto te puedes morir de calor durante el día y congelar de frío por las noches. El desierto es un lugar de contrastes y de misterio.

No encontré billete para volver a Argel y como no hay bien que por mal no venga ese día un grupo de cooperantes y amigos todos iban a Sebseb de picnic y esa fue la ocasión que esperaba para conocer las dunas del desierto.

Sebseb es una pequeña población a 60 Km. de Ghardaia y de muy fácil acceso por carretera. Un granjero nos acogió con mucha amabilidad y nos dejo atravesar la alambrada que ha colocado para prevenir que algún animal pueda entrar en su granja viniendo de las montañas por lo que saltándola nos dirigimos hacia las dunas . Hacia un día precioso e inmediatamente necesitamos protegernos del Sol utilizando sobre la cabeza los paños en forma de turbantes mientras que nuestros pies desnudos gozaban al mismo tiempo de la frescura de la arena.

Después de la comida algunos se quedaron tumbados en la duna y otros nos dirigimos hacia un cañón formado entre dos montañas.

El efecto del desierto es inmediato.

Es tanto el silencio que te va invadiendo que poco a poco cada uno se va separando del grupo y tomando una cierta distancia para sentirse solos y poder asimilar las sensaciones que nos van envolviendo. La de una paz profunda que empieza a inundar todo tu ser y un silencio tan total que deja libre al resto de los sentidos para admirar, oler y aspirar todo lo que nos rodea. Y así las piedras parecen estar vivas y la vista descubre las flores que crecen entre ellas porque el subsuelo contiene el agua y la vida que las hace florecer. La vista reposa mirando hacia el infinito y la respiración se hace tranquila. Una sensación de bienestar se apodera de todo tu ser y quisieras que no anocheciera que no tuvieras que volver al barullo y la realidad porque allí también eres tu pero como una persona nueva y distinta. Y así respiras una y otra vez para aspirar la vida.

Dejando el cañón y ascendiendo a gatas hacia la cima de la montaña el espectáculo es sorprendente: los grupos de palmeras aquí y allá entre las dunas, el color de la arena que es dorada bajo el efecto del Sol , la grandeza del cañón y el silencio que se puede palpar y escuchar.

Siempre ese silencio.

1 comentario:

Fina dijo...

Hola Africana, me encanta lo bien que describes el paisaje de ese magnifico desierto, que, como tú dices, todos hemos soñado. Me has hecho sentir el calor de sus dias y el frio de sus noches. Me has hecho ver su silencio y me parecía poder tocar su arena. Seguiré visitando tu blog que alguien me ha recomendado.