5 oct. 2011

Coraje africano



El sábado pasado comiendo con unos amigos y sus hijos pequeños, uno de ellos me pidió una historia de serpiente en África. Y le conté una de verdad que me había sucedido una noche después de una tormenta de lluvia. Casi me muero del susto al ver alrededor de un bidón para recoger el agua que teníamos en la puerta del patio una serpiente grandisima enroscada en el. Alfonso y los otros niños me miraban con ojos grandes y atentos...y como pensando : !que valiente!.

Pero esta de hoy es mucho mas interesante y real, mejor para los mayores porque es sobre un hombre ciego que vive en un pueblo llamado Segre en Costa de Marfil, tiene 35 años y una esposa e hijos que alimentar y cuidar.
Se llama Kunsoa Kambire y se quedo ciego a los cuatro años debido a la enfermedad de la viruela. Casi completamente extinguida hoy día gracias a la vacuna.

Pues este hombre tiene un coraje de hierro o a prueba de bomba como decimos nosotros porque el mismo cosecha las tierras, hace taburetes de mimbre, sillas y camas plegables , ademas de criar aves de corral. Su tesón es invencible y un ejemplo para todos, especialmente para los que tenemos tendencia a quejarnos de todo, desde una corriente de aire hasta el pequeño ruido de una puerta. Y de ahí sigamos pensando...

Kunsoa cuenta que aprendió a cultivar cacahuetes siguiendo a los niños que iban a los campos, luego aprendió a preparar suelos limpios para el cultivo de mijo usando el tacto de su mano izquierda ”con la mano derecha palpaba para ver si había hierba y así aprendí a diferenciar entre las hierbas y las plantas, y después del mijo, cultive frijoles y luego maíz”. Kunsoa no puede sembrar porque hay que respetar las lineas y eso lo hace su mujer y su madre. Con el fruto de este trabajo alimenta a su esposa, sus dos hijos, su madre, la mujer de su difunto hermano y sus dos sobrinos.

Para el pienso de las aves de corral pide a la gente que le enseñe donde están las montañas de termitas, todos los dias recoge una vasija de ellas y las mezcla con tallos de maíz y heces de ganado.

Dice que muchas veces se ha dirigido a instituciones financieras sin éxito alguno para solicitar un préstamo. “ En general , las personas sanas no tienen acceso, no hablemos de los ciegos a los que se les piden muchas garantías antes de prestarles dinero”.

Su coraje llega al extremo de considerar su ceguera como una discapacidad, pero nunca como una fatalidad lo que pone de relieve la fortaleza interior que posee este africano. Solo teme a la posibilidad de quedarse sin tierra que es de sus tíos maternos. “ Solo puedo cultivar alrededor de las concesiones. Mis primos y tíos, a veces, me dejan pedazos de tierra, pero al año siguiente podrían retirármelas por muchas razones” dice con tristeza.

...Y lo dicho: ¿ de que nos quejamos?

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