15 dic. 2007

Anoche soñe con la tierra roja de Africa.


Anoche soñé con la tierra roja de África. Roja como el fuego, o como el Sol en un atardecer en que se esconde entre las nubes formando una bola incandescente que hace que todo lo que ilumina, árboles, plantas animales y hasta las personas cambiemos de repente y nos volvamos todos rojos.Cuando se anda por los caminos de Malawi las sandalias se vuelven rojas y los pies también. El barro de la época de las lluvias es imposible de remover de los bajos de los chitenches, paños que se atan alrededor de la cintura y caen hasta el suelo y que usan las mujeres africanas para vestirse, y de todo aquello que toca el suelo o que el fango alcanza al chisporrotear hacia arriba mientras andamos por él. Es tierra arcillosa y muy útil para fabricar ladrillos que ya tienen ese color sin que se les trate con nada.En ninguna otra parte del mundo he visto la tierra tan rojiza ni tan viva. Tierra en la que se planta el maíz, el tabaco, el café y el algodón. Tierra con la que se construyen las vasijas y utensilios de la casa, tierra que se mezcla con sustancias para formar pinturas con que cubrir el cuerpo en las ceremonias religiosas de los antepasados, o adornarse los rostros para las fiestas. Una tierra que se mete por los orificios de la nariz y por la boca en la estación seca y que se convierte en lodazales en la de lluvias en los que es imposible transitar. Tierra que te viene a la mente sin que la hayas invitado a que te visite y que se mete en tus sueños como una intrusa trayendo aromas, colores y luces . Pero así es la tierra de África.

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