15 dic. 2007

La dulzura de la pobreza


Recuerdo un niño pequeño, tal vez de unos 6 años que vino un día tosiendo mucho al Hospital de Nkhamenya, una misión situada en el Centro-Norte de Malawi. Iba naturalmente descalzo y vestía un pantalón corto de color grisque usan en las Escuelas Primarias. El pantalón estaba muy usado pero lo mantenía alrededor de su cintura atado con un cordel. Sobre el cuerpo llevaba un pedazo de tela colgando que nosotros llamaríamos andrajo y que solo se mantenía en la mitad de su cuerpo pasándolo por un brazo.
Los niños tienen que andar muchos km. para transladarse de sus poblados a la Escuela cada dia y soportan mejor la época del calor que la de las lluvias. Durante la época de las lluvias se mojan por el camino y luego la ropa se les seca en el cuerpo lo que les produce muchos resfriados e incluso pulmonías. Aquel niño tosía mucho y yo quise remover aquella tela que llevaba colgada sobre un hombro para auscultar le mejor. Cuando hice el movimiento el niño se agarró a ella y se puso a llorar. Yo no entendía nada y le traté de tranquilizar diciendo que solo iba a escuchar sus pulmones. Pero el niño se aferraba mucho más fuertemente al pedazo de tela.

Aunque la Escuela Primaria es gratuita, los padres han de proveer a los niños con los uniformes que se llevan en la Escuela. El uniforme cuesta el equivalente a unos dos euros y muchos niños no van a la escuela porque sus padres no pueden comprarles el uniforme ni el lápiz y libreta que necesitan para aprender a leer y escribir.
Aquel niño llevaba el pantalón de la escuela y el harapo que le quedaba sobre su cuerpo era algo que antes seguramente había sido la camisa del uniforme. Ya no le quedaba nada pero él sentía que mientras le quedara un pedazo iba vestido con su uniforme. Me quedé transpasada de una com-pasión y una dulzura que no había conocido antes. Aún recuerdo a aquel niño.

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